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El maestro de la apelación a los sentimientos negativos criticando por eso a su exaliada.
Ya que estamos de acuerdo en que la alcaldesa Claudia López hace mal al fomentar la xenofobia contra los venezolanos, aprovechemos para hablar más ampliamente sobre los límites éticos del discurso en la política.
Se entiende que la alcaldesa busca subir en aceptación popular identificándose con el rechazo (extendido) a los venezolanos. Es un acto racional de ella “con arreglo a fines”, como enseñó Weber. No es un acto racional “con arreglo a valores”.
Que sepamos, Claudia no es chovinista (“exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero”), sino más bien cosmopolita. A diferencia de Trump, es difícil creer que tenga involucrados sus valores en tales declaraciones. Simplemente está haciendo un cálculo, una apuesta.
Una evidencia es esta: “No caigamos en la hipocresía. Yo invito a los concejales a que, en vez de estar en Zoom, vayan a los barrios y hablen con la gente”. Bueno, al menos para los límites éticos no hay que hablar con la gente, sino con uno mismo.
¿Por qué está mal promover y beneficiarse de la xenofobia? Porque se trata de actitudes, prejuicios y comportamientos irracionales y negativos que anidan en el lado malo de los seres humanos.
Así, una regla ética del discurso, que es la principal arma hoy en la política, podría ser “no fomentar ni beneficiarse de sentimientos negativos”. Tenemos las reglas de “no mentir” (deliberadamente, en primer lugar) y “no justificar la violencia (ilegítima)”.
Parecen sencillas, pero son difíciles de cumplir. Diríase que infringirlas es consustancial a la política, pero se puede postular que son ideales. La conciencia de la sociedad no premia al político que miente ni al que justifica la violencia.
Sin embargo, con el tratamiento ético de los sentimientos negativos en la política se ha avanzado menos. Sustentar y promover la rabia, el odio, el resentimiento y la venganza en la sociedad todavía tiene legitimidad.
En un ensayo de 2001, “Modernidad, sentimientos negativos y conflicto social en Colombia”, Fernando Cruz Kronfly anotaba que “no se puede negar en el conflicto político la existencia de los sentimientos del odio, el resentimiento y la rabia, conexos a la envidia comparativa moderna, a todo lo cual suele sumarse la sed de venganza y la pulsión de reparación”.
En la Colombia actual, prohibir fomentar los sentimientos negativos en la política sería prohibirle a Petro hacer política, por ejemplo. Lo que hace más llamativo que el caudillo de Colombia Humana se haya sumado a las críticas por xenofobia a la alcaldesa de Bogotá, cuando es el maestro en apelar a sentimientos negativos. Dijo que era “extrema derecha” de Claudia López, sin notar que se estaba pisando la cola de extrema izquierda.
Dirán algunos que no es lo mismo xenofobia que odio de clases. Que es distinto el rechazo a los extranjeros que el rechazo a los ricos. Que no es lo mismo “coger individuos para colectivizar culpas (como hicieron los nazis)” en el caso de los venezolanos que en el de la clase pudiente. Aunque primero que todo, ¿cuáles culpas de los judíos?
Ahí tienen un reto para salir de la incoherencia o del oportunismo. Y una invitación a reflexionar.
