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Los uribistas son brutos

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Daniel Pacheco
19 de mayo de 2009 - 02:39 a. m.
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¿CÓMO MÁS PODEMOS EXPLICARnos que Uribe siga siendo el emperador de la opinión pública después de que toda la gente inteligente ha demostrado que su continuidad en el poder es “desastrosa” para Colombia?

Lejos de ver el desastre, el 71% de los colombianos aprueba la forma como el Presidente se desempeña en su cargo y, peor aún, un 59% definitivamente votaría en un referendo para que pueda reelegirse en 2010, según los resultados de la encuesta Gallup de mayo.

Esto desconcierta a cualquier inteligencia. Inteligencias que con dedicación, estudio y rigor han argumentado y denunciado, una y otra vez cómo el “régimen” acumula poder, corrompe la democracia, protege a los criminales, viola los derechos humanos, obstruye la justicia, chuza, restringe las libertades, esconde la verdad. Portadas de Semana, editoriales y columnas (como esta) de El Espectador y El Nuevo Siglo, presión del New York Times y The Economist, llamados de la Iglesia Católica, advertencias de Fabio Echeverry y Luis Carlos Villegas.

Y el hombre ahí, tranquilo. Entonces nuestras inteligencias desconcertadas no pueden sino concluir que los que no entienden las razones y no ven la amenaza son unos taimados irreflexivos. Una tesis fácil de sustentar en las afirmaciones de célebres uribistas. ¿Qué criterio puede tener alguien que dice estar de acuerdo “con casi todo lo que hace, piensa, dice, conceptúa y propone Álvaro Uribe”? La devoción ciega en sí misma es una señal de poco entendimiento, pero mantenerla después de haberlo oído “conceptuar” que “de haber sido paramilitar hubiera sido paramilitar de fusil, no financiador de paramilitarismo”, es pura necedad.

Pero como la razón nos empuja, perseveramos. Nos congratulamos por nuestra valentía, afilamos los lápices aburridos de escribir siempre lo mismo, y con la creatividad de quien piensa que la repetición finalmente vencerá a la estulticia, volvemos con más saña a “seguir dando el debate”. Con cada nuevo escándalo pensamos “ahora sí”. La realidad, sin embargo, confirma al poco tiempo que “todavía no”.

¿Todavía no, pero ya casi? No parece, y creerlo sería negar que somos los inteligentes. ¿Entonces qué? ¿Cómo convencer al país de que Uribe no es bueno?

Empecemos por aprovechar la idea de que los uribistas son brutos. Nuestras razones no calarán nunca, por más que nos rasguemos las vestiduras. Son ignoradas porque nos volvimos negativos, aburridos y repetitivos, mientras la mayoría está contenta y optimista. Todo el mundo odia a los aguafiestas, así tengan la razón.

En esta línea habría que preguntarse: ¿Cómo montamos una fiesta mejor que la del Presidente? Aquí faltan ideas. El tipo nos tiene tan amargados, que la visión de un país mejor se volvió negativa: sin Uribe. Ese es nuestro problema. Nuestro, no de Uribe, ni del criterio de la mayoría. Pero si somos tan inteligentes, imposible que seamos incapaces de inventarnos una alternativa para descrestar uribistas.

 

danielpachecosaenz@gmail.com

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