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En nombre del pueblo, aunque no son iguales

Daniel Ruge Chamucero

11 de junio de 2026 - 12:05 a. m.

No, no son extremos iguales. Uribe y Petro son simplemente líderes distintos que, en contextos distintos, han decidido usar su inmensa popularidad para apuntalar su poder a costa de la democracia. Y visto lo visto, se puede anticipar que De la Espriella va por ese camino.

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Cada vez que veo a Paloma Valencia hablar de unión y moderación quedo perplejo porque personas como ella nos trajeron hasta acá. ¿Tan bajo es el punto al que tuvo que llegar la sociedad colombiana para ver al uribismo hablando de moderación? Luego de años de radicalismo y duras embestidas a la Constitución del 91, en nombre de un falso Estado de opinión que le garantizaba las mayorías al entonces presidente Uribe.

El uribismo se ha moderado únicamente cuando su capital político se vació, cuando ya no hay fervor en nombre del cual intentar demoler la institucionalidad democrática. Ese capital fue transferido a Abelardo de la Espriella a través de dos fenómenos: la rabia que generan las crisis de orden público y los mazazos que ha intentado darle Petro también a la democracia colombiana.

No son extremos iguales ni equiparables en sus propósitos o causas. Eso es clave para entender la dura situación política de hoy en Colombia. Y, como el pensamiento crítico no puede reducirse a binarismos ni discursos oficiales, es necesario exigir rendición de cuentas sin equiparar de forma cínica, pero sí evaluando el deterioro que cada uno de estos políticos ha causado a la democracia.

Se suponía que el cambio que representaba Petro iba a ser no solo de objetivos, sino de caminos. Así que recorrer las mismas vías que buscan evadir contrapesos presidenciales no solo es autoritario, sino torpe. Es desenfundar un arma de doble filo que De la Espriella podría usar, de llegar al poder, para imponer su visión, también en nombre de su popularidad.

Justamente porque no son extremos iguales, se esperaba que quienes se opusieron al autoritarismo uribista pudieran, desde el poder, avanzar cambios sostenibles en el tiempo, y no acciones grandilocuentes impuestas también por discursos autoritarios como “hasta donde el pueblo diga” (una manera más sencilla de decir “Estado de opinión”).

Eso abre la puerta a un futuro en el que el poder de hoy será oposición, reclamando respeto por la democracia a una ultraderecha en Casa de Nariño, pero con una credibilidad muy maltrecha por cuenta de un Petro que, en su recta final, acudió al repertorio de los chafarotes más temidos: denunciar fraude electoral sin pruebas.

No, no son lo mismo, y por eso varios de los métodos que emplearon para gobernar no debieron ser los mismos. No son lo mismo, y por eso a todo el que pasa por el poder hay que exigirle que rinda cuentas, sin que ponga el espejo retrovisor para lavarse las manos. No son lo mismo, y a quienes hoy profesan la defensa de la democracia y van a votar por De la Espriella habrá que señalarles también que, si él gana, su deber será oponerse cuando empiece a embestir contra la Constitución del 91. Eso sí sería extrema coherencia.

Por Daniel Ruge Chamucero

Daniel Ruge ha sido ganador en dos ocasiones del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Es colaborador de 6AM Hoy por Hoy de Caracol Radio y de la Tele Letal. Es comunicador social y estudió una maestría en Derecho Internacional.
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