El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Fascismo con términos y condiciones

Daniel Ruge Chamucero

23 de julio de 2026 - 12:05 a. m.
El presidente del Senado, Honorio Henríquez; presidente electo Abelardo de la Espriella; mandatario saliente Gustavo Petro; expresidente Álvaro Uribe.
Foto: Archivo Particular
PUBLICIDAD

Que la presidencia del Congreso haya quedado en manos del Centro Democrático no es una gran derrota para Abelardo de la Espriella. Fue un regateo que no le funcionó, y que se resuelve pagando un poco más de lo que ya tenía presupuestado para echarse al bolsillo al uribismo. Era un pulso que Uribe y Petro quieren vender como una gran victoria, pero al final del día el Centro Democrático respaldará a De la Espriella, y quedará en la historia que el Pacto se dejó instrumentalizar.

Con el voto del domingo, el Pacto tampoco está frenando ninguno de los eventuales retrocesos en derechos. Basta con ver bien quién es Honorio Henríquez: un tipo que llegó a su curul heredando el caudal político de su tío Miguel Pinedo Vidal, un parapolítico condenado. Henríquez es, además, un antiderechos que se ha pronunciado contra la JEP y la autonomía de las mujeres. Votaron por eso tras años de señalar a otros por mucho menos.

No quiero caer en lo mismo de señalar a todo el mundo desde un pedestal moral. Simplemente digo que justamente es imposible hacer política sin cruzar la calle, de vez en cuando, para pactar con los contrarios. Pero fue el mismo Pacto el que se dedicó a hacerle creer a los votantes que eso era condenable. Fue un relato que impusieron con mucho éxito, incluso con base en argumentos legítimos, pero llevados a una retórica que volvió imposible cualquier interacción en espacios como el Congreso.

Decían, palabras más, palabras menos, que el Centro Democrático es un partido fascista con el que no se puede colaborar en nada. Y quien no lo vea así tal cual es fascista también. Con esa vara redujeron políticamente a líderes como Sergio Fajardo, Angélica Lozano, Juanita Goebertus y hasta Claudia López. No obstante, ahora que ese escenario ya no les sirve, han sido capaces de encontrarle la letra pequeña al contrato que hacía imposible acercarse a lo que señalaron como fascismo. Unos términos y condiciones convenientes.

Por eso ver a Iván Cepeda mostrar orgulloso su voto por Henríquez, heredero de la parapolítica, es difícil de digerir. Algo que recuerda los reclamos de Petro y de varios líderes del Pacto a los hermanos Galán, o a Juan Fernando Cuadrado: les señalan de incoherentes por acercarse a la derecha cuando, aplicando una narrativa específica, se pueden trazar vínculos entre ese sector político y los asesinos de sus padres. Por fortuna no vi que nadie le aplicara esa lógica a Cepeda luego de votar por la derecha, y ojalá nadie lo haga.

Líneas rojas como estas del Pacto sirvieron para quitarle terreno a la moderación, pero ahora borran esta línea por Petro. El propósito real de ignorarla era sostener el control de la Comisión de Acusaciones para blindar judicialmente a quien pronto será expresidente. Un objetivo personalista que responde a una persecución absurda del gobierno entrante y que sólo profundiza una crisis que, de todas maneras, no se resuelve al ojo por ojo ni trazando líneas caprichosas sobre quién es fascista y quién no.

Por Daniel Ruge Chamucero

Daniel Ruge ha sido ganador en dos ocasiones del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Es colaborador de 6AM Hoy por Hoy de Caracol Radio y de la Tele Letal. Es comunicador social y estudió una maestría en Derecho Internacional.
Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.