Me cansa ver tantos partidos, grupos y coaliciones al servicio de la fragmentación política. No me deja de parecer curioso que cada cuatro años nos encontremos nuevas marcas políticas para votar por los mismos. Crear y crear nuevos movimientos políticos no sólo hace más complicado votar, sino que le trae riesgos a Colombia, entre ellos que la RAE le imponga aranceles por uso excesivo de sustantivos y adjetivos para bautizarlos.
Todavía no se compara con la explosión de partidos de garaje que ocurrió al final de la década de los noventa, pero se siente que emprendimos el camino de regreso a ese punto cuando se nota que conseguir un aval o mantener una personería jurídica se ha vuelto más un asunto de litigio que de conseguir muchos votos. La evidencia que he analizado me indica que el CNE es capaz de reconocerle personería a un movimiento significativo de ciudadanos conformado por candidato, chofer y cuenta de TikTok.
Por fortuna, el Consejo de Estado les ha puesto límites a esas decisiones del CNE; a pesar de eso, creo que la norma que permite coaliciones entre partidos pequeños para pasar el umbral en conjunto ha sido un error. Entiendo la preocupación de políticos y políticas que hacen bien la tarea desde plataformas pequeñas, pero una democracia fuerte necesita partidos que crezcan y asuman responsabilidades colectivas. Si no es así, ¿qué viene? ¿Imprimir los tarjetones con trozos de pantallas led para que los logos de las coaliciones alumbren como si el votante estuviera parado en Broadway?
Estas elecciones legislativas y de consultas presidenciales han sido agotadoras por el exceso de ofertas políticas que, insisto, al final son casi todas las mismas de siempre. Y sucede porque los partidos, a falta de mecanismos de democracia interna, se debilitan y no actúan como los filtros democráticos que deberían ser. Hay que intentar llegar a un punto sensato entre la tiranía del bolígrafo y la miniempresa electoral. Sé que suena a utopía cuando aún los comités de ética de los partidos están conformados por cajas de gorras y camisetas que sesionan en el baúl de una camioneta blindada.
Me gustan las consultas, pero algo falla cuando a marzo llegan tantas precandidaturas producto de la recolección de firmas. Apoyo la regulación que ya ha sido anunciada para el futuro: que cada ciudadano o ciudadana pueda firmar sólo una vez por ciclo electoral para avalar la creación de un nuevo partido. De lo contrario, lo más fácil es que la Registraduría distribuya en todos los supermercados del país personerías jurídicas en polvo... basta con agregar dos tazas de agua para empezar a repartir avales.
No creo que lo que digo sea antidemocrático: sólo quiero señalar que no es lo mismo pluralidad que fragmentación. Estoy convencido de que el ruido que generan campañas sobresaturadas por logos y eslóganes sólo aleja más a la gente porque les complica el voto. Espero que muchas personas voten este domingo, pero para la próxima, y pensando en fortalecer los partidos, ojalá la fiesta de la democracia se reserve un poco el derecho de admisión.