Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Cuarenta años atrás, para quedarse con una candidatura presidencial era necesario conseguir la bendición de López Michelsen o ser presentador de un noticiero propiedad de una familia presidencial. Ahora, para 2026, bastará con ser el meme favorito del oficialismo.
La polarización ha llevado a que convertirse en el hazmerreír de los contendores políticos sea una medalla a los ojos de los simpatizantes propios. Así que entre más rabia burlona se reciba, mayores méritos se hacen para llegar a la Casa de Nariño. Ya tuvimos un presidente que llegó ahí sobre la ola de burlas que desató por presumir que sabía de memoria la talla de Crocs de Álvaro Uribe.
Quienes están en la derecha, por ejemplo, hoy no buscan votar por alguien que les interprete sino por quien logre mortificar tanto a la izquierda como el gobierno de Petro les ha mortificado. ¿Y qué demuestra esa capacidad de mortificación? La cantidad de burlas odiosas que una determinada figura contendora recibe del lado gobiernista. La oposición lo sabe y por eso no sería desacertado rebautizarla como la “oposición intelimeme”.
Así llegó Trump a la Casa Blanca. Y así logró María Fernanda Cabal pasar de ser una Representante a la Cámara más, a ser Senadora y a ser viable como candidata presidencial. Por eso la aspiración mediática de varios políticos ya no es ser portada de un diario, sino aparecer en secciones tipo “la semana en memes”.
El sistema está inventado. De hecho, se podría hacer una tabla de convertibilidad entre la vieja forma de hacer campaña y la de ahora. Veamos:
- Caricatura de Matador o imitación de Antonio Morales en El Café Picante sustituye empapelada de afiches.
- Reproche en una publicación de alguno de los influencers que aparecen en el SECOP es como haber alzado a un bebé. Y si tal reproche es coordinado entre varios será como haber tomado sopa en la plaza de mercado del pueblo teniendo puesto el sombrero típico de la región.
- Recibir un insulto del ministro de Educación, Daniel Rojas, cuenta como tener espacio en prime time de canal privado.
Antes de continuar, una anotación: así como tenemos el segundo himno más bello del mundo, tenemos el segundo mejor Consejo Nacional Electoral. El primero, desde luego, es el Consejo Nacional Electoral de Venezuela.
Así que, en vista del fenómeno descrito, es fundamental que el segundo mejor CNE del planeta implemente un sistema que monetice las burlas oficialistas para poder medirlas como aportes a las campañas. Si eso existiera, ya Miguel Uribe habría volado los topes de ley con el video que romantiza la explotación laboral y las duras madrugadas.
No mucha gente lo nota, pero citar en redes el contenido de alguien que busca hacerse con la candidatura de la derecha, así sea sólo para desprestigiarle, puede terminar graduándole entre su séquito como el candidato o candidata ideal. Es un sistema muy efectista, así que no sería raro que precandidatos y precandidatas pidan que en la agenda de la COP16 se incluya la protección del oso que les toca hacer para ganarse una candidatura presidencial.
