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Racionamiento de democracia

Daniel Ruge Chamucero

08 de enero de 2026 - 12:05 a. m.

Nadie quiere iniciar el año con las preguntas que me he hecho esta semana, pero que sería bueno empezar a hacernos. Si de un momento a otro perdiera la posibilidad de vivir bajo un techo seguro y con servicios básicos, me costaría sobrevivir. No sabría a ciencia cierta cómo buscar agua potable ni cómo encender fuego para cocinar. ¿Y si pasara algo así con la democracia? ¿Cuál sería mi brújula moral si, de un día para otro, la democracia en la que vivo, robusta o débil, dejara de existir y tuviéramos que regresar a la antigüedad?

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Durante la mayor parte de la historia, las sociedades han resuelto sus diferencias por la fuerza y sin votar, así como también las personas vivieron miles de años sin electricidad o sin agua potable. La democracia es apenas un parpadeo en la historia, un experimento frágil que se da por sentado, como usar interruptores o grifos. La diferencia es que, cuando empiezan los racionamientos de democracia, lo que contestan en la línea de quejas y reclamos es: “Tiempo de restablecimiento del servicio: cuatro décadas”.

Una aclaración necesaria: no ignoro que millones de personas viven hoy bajo autoritarismos y, además, sin techos seguros ni acceso a electricidad o agua. Me refiero a situaciones como la suya o como la mía, quienes hemos contado con esos privilegios y vamos a las urnas pensando en que se expandan. Y aun así podríamos perderlos de golpe, como quien se olvida de pagar la luz y amanece a oscuras, sólo que en ese caso la idea sería fundirle el foco a todo aquel y toda aquella que tenga alguna idea contra el autoritarismo.

Así como sufriría buscando agua en fuentes lejanas o sosteniendo un techo improvisado, me pregunto con honestidad cuán doloroso debe ser tomar un bando cuando, en lugar de democracia, lo único que queda es la fuerza y no vale decir que siempre es obvio quién es el bueno y quién es el malo; no todos los conflictos son tan simples como independizarse de un rey. En una guerra casi ningún bando sale limpio en medio de las atrocidades, abusos y vejámenes. El problema es que puede llegar un momento donde el agua no alcance para lavarse las manos entre las facciones enfrentadas.

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Precisamente para evitar caer en ese abismo construimos el multilateralismo y los Estados de Derecho. Pero si esas garantías se derrumban, como se ha empezado a ver, y regresamos a condiciones crudas, pero ordinarias siglos atrás, ¿qué hacemos? ¿Con qué principios orientamos la brújula moral cuando las normas democráticas que conocimos dejan de existir? No tengo la respuesta aún y creo que aprender a sobrevivir sin agua y energía en un desierto sería más sencillo para mí.

Así como creo que todos debemos saber algo de supervivencia para encontrar agua y encender fuego ante alguna calamidad, también creo que si tiempos mucho más violentos llegan necesitamos un kit de supervivencia moral. Uno compuesto de la preferencia por el más débil, la solidaridad y la amistad antes que la ideología hasta donde el cuidado de la vida propia lo permita.

Por Daniel Ruge Chamucero

Daniel Ruge ha sido ganador en dos ocasiones del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Es colaborador de 6AM Hoy por Hoy de Caracol Radio y de la Tele Letal. Es comunicador social y estudió una maestría en Derecho Internacional.
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