En 2024 Gustavo Petro asistió a un evento de restitución de tierras en el que intercambió un sombrero con Salvatore Mancuso, excomandante de las AUC, nombrado gestor de paz. Una parte del público lo vitoreó al coro de “¡mono, mono!”. Fue un acto difícil de leer. No es sencillo descifrar si era una apología a uno de los jefes paramilitares más cruentos o un gesto de reconciliación. Yo escogí darle el beneficio de la duda y tomarlo como reconciliación, porque podía abrir el camino a la reparación de miles de víctimas.
Al cierre del gobierno Petro, he cambiado de opinión. Creo que sí fue un acto apologético porque, a estas alturas, los resultados de las gestiones de paz del excomandante no son claros. Las tierras entregadas a las víctimas habían sido entregadas al Estado tras la desmovilización. Y claro, entregarlas finalmente a la gente fue acertado, pero para justificar el beneficio de gestor de paz a un tipo que cometió tantas atrocidades hace falta mucho más.
La justicia transicional es la mejor alternativa para la reconciliación, no me cabe la menor duda. Y justamente, como no deja de ser justicia, tiene que cumplirle a las víctimas y no ser un escampadero para criminales así. Mancuso todavía tiene cuentas pendientes con la justicia colombiana que quedaron suspendidas a cambio de su rol de gestor. Si no entregó resultados concretos, debería saldarlas.
La línea entre reconciliación y apología puede ser muy delgada, y para eso está la ciudadanía, que debe exigirle al Estado que ponga en su sitio a los victimarios cuando instrumentalizan la reconciliación. El gobierno de Petro no cumplió ese papel. A pesar de su discurso histórico contra el paramilitarismo, permitió que un sujeto como Mancuso le diera largas a la deuda que tiene con sus víctimas. Los coros de “¡mono, mono!” mientras Petro le sonreía son hoy, visto con perspectiva, un agravio a la memoria histórica.
Es curioso que Lilia Solano, directora de la Unidad para las Víctimas cuando ocurrieron aquellos vítores, fuera de las que rechazaron desde los balcones del Congreso la visita de los jefes paramilitares al Capitolio. En su gestión al frente de esa unidad publicó videos de reuniones de trabajo con Mancuso que pocos frutos dieron. Me puse en contacto con esa Unidad y me confirmaron que no ha habido ninguna indemnización con recursos propios de Mancuso desde el Fondo de Reparación. Además, noté que el asunto no es prioridad allí: les costó recabar la información, así como a Caracol Radio le tomó ocho meses conocer los planes de gestores de paz como él.
Lo más preocupante es que el 7 de agosto se posesiona quien fuera abogado y facilitador civil de las AUC en Ralito. Los dieciséis jefes paramilitares que hoy son gestores de paz, y que poco han cumplido con reparaciones, están a punto de tener a uno de sus exasesores en la Casa de Nariño sin pagar aún sus deudas con la justicia, y todo gracias a la negligencia del gobierno Petro. Ojalá en el mes que le queda al presente gobierno me callaran la boca y demostraran que sí hubo reparaciones reales.