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Depredadores

Danilo Arbilla

30 de octubre de 2009 - 11:39 p. m.

El senado de Brasil, a cuyos miembros Hugo Chávez ha calificado de "loros de Washington", parece que finalmente  tras una negativa de casi dos años, aprobará el ingreso de Venezuela al Mercosur.

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Y esto pese a que los propios senadores brasileños dicen  que Chávez "gobierna de forma dictatorial", que “ha tomado medidas que van hacia el desmoronamiento de la democracia y los principios democráticos” y que ha violado sistemáticamente la libertad de expresión y otros derechos humanos, al tiempo que le reclaman "una navidad sin presos políticos en Venezuela".

Es más, no tienen dudas de que el ingreso de Venezuela a la asociación "es un riesgo” y que Chávez  es un factor de "división y desintegración  en Suramérica". El senador opositor Arthur Virgilio afirmó  que con ese ingreso se le dará "un golpe de muerte al Mercosur", aunque quizás se equivoque porque ya hace tiempo que  está muerto; solo se trata de un sello o un fantasma del que, eso sí, Brasil saca muy buenos réditos. Prácticamente todos los legisladores piensan, -como lo ha destacado hasta el propio vicepresidente José Sarney-  que esta Venezuela de Chávez no cumple para nada con  la cláusula democrática del Mercosur, la que sus miembros obligatoriamente deben honrar, pero , sin embargo, igual aprobarían el ingreso.

Los que tratan de justificar ese cambio de enfoque, recurren  al argumento más emblemático de la hipocresía y el doble discurso que hoy impera en las relaciones internacionales: no hay que aislarlo, es mejor tenerlo adentro y así poder exigirle que respete la democracia. ¿A Chávez? ¿A Fidel?

Tiene más peso el argumento económico: el ingreso de Venezuela  convertirá al Mercosur en un  bloque con 250 millones de habitantes, 76% del PBI sudamericano y un comercio de 300 mil millones de dólares.  Pero esto es en los papeles; el dato práctico que mueve a Brasil es que su intercambio comercial con  Venezuela, que se triplicó desde 2003, arañó los 5.700 millones de dólares el año pasado. Es, además, el país con el que Brasil tiene el mayor saldo favorable en su balanza.

Por otro lado Brasil percibe a un Chávez más debilitado y no teme como en un pasado reciente a la eventual alianza regional venezolano-argentina. En estos días, mientras Lula se encuentra en Caracas con Chávez y hablan de integración y de fortalecer al Mercosur, en las aduanas brasileñas cierran el paso a centenares de camiones argentinos e impiden el ingreso al mercado brasileño, pese a los contratos y convenios firmados,  de  mercaderías perecederas por centenares de millones de dólares. Esta conducta brasileña no es una novedad- la han sufrido ya los uruguayos- constituye una de los mayores burlas a la integración y uno de los más flagrantes desconocimientos del Mercosur y de sus normas.

Se trataría de una respuesta o represalia de los brasileños frente a una caída de sus exportaciones a Argentina, con la que, por supuesto, tiene saldo favorable. En eso Brasil no cede: entre enero de 2004 y setiembre de 2009, el saldo positivo comercial de Brasil, en detrimento de sus vecinos, Argentina, Paraguay y Uruguay, ha sido de 26 mil millones de dólares. Pero parece que no le bastan. Según el empresario argentino Pedro Bergaglio a Brasil  "solo le interesa acumular superávit comercial “y para los brasileños el Mercosur "es una forma de ganar territorio imponiendo una política comercial muy cercana a la depredación".

Todo hace pensar, entonces, que Itamaratí trata ahora de incorporar a ese territorio a Venezuela, con un Chávez algo en descenso,  y al que ha logrado amarrar mejor. Solo restaría para ello la aprobación de Paraguay: Lugo ya está, pero en el Congreso no hay votos. Todos los analistas prevén que habrá presión del "vecino imperial", porque en el campo económico y comercial poco importan los acuerdos y compromisos firmados y mucho menos las cláusulas sobre principios y valores democráticos.

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