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¿Golpe de Estado?

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Darío Martínez
09 de junio de 2012 - 01:48 a. m.
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Es recurrente, casi en todos los gobiernos elegidos democráticamente, que frente a grandes dificultades propias del ejercicio del poder, especialmente en países convulsionados como el nuestro, se alarme a la comunidad con los anuncios de un posible golpe de Estado, dirigido a cambiar el régimen constitucional vigente.

No obstante que quienes dirigen la Fuerza Pública desmienten esos rumores, siempre queda en el trasfondo del alma colectiva un pálpito de preocupación.

El presidente de la República representa la unidad nacional. Él garantizará los derechos y libertades de todos los colombianos. En nuestro sistema presidencial, una de las responsabilidades del jefe de Estado es la de mantener la convivencia pacífica. A veces, en esta materia los esfuerzos son superados por los hechos y el miedo individual y social se apodera de varias regiones de la patria, en las cuales imperan el desasosiego y el escepticismo.

En el entretanto, una clase dirigente se desgasta en pugnacidad que contagia con su mordaz estilo al alto gobierno, al que a veces se le olvida ser personero de un solo país sin exclusiones. En la nueva contienda política que presenciamos, a unos inteligentes dirigentes les corresponde padecer la soledad e incomprensión políticas y la “trágica expiación de la grandeza”; y a otros, pagar cara la independencia y lealtad con sus principios.

Bertrand Russell en su libro El poder en los hombres y en los pueblos nos trae una enseñanza de Confucio así: “Al pasar junto al monte Thai, Confucio avanzó hacia una mujer que lloraba amargamente junto a una tumba. El maestro se apresuró y llegó rápidamente hasta ella. Entonces envió a Tae-lu para que le interrogase. ‘Tus lamentos, le dijo, son de quien ha sufrido un dolor tras otro’. Ella replicó: ‘Así es. Una vez el padre de mi marido fue muerto aquí por un tigre. Mi marido fue también muerto, y ahora mi hijo del mismo modo’. El maestro dijo: ‘¿Por qué no dejas este lugar?’. La respuesta fue: ‘Aquí no hay un gobierno opresor’. El maestro agregó: ‘Recordad esto, hijos míos: el gobierno opresor es más terrible que los tigres’”.

En Colombia no existe un gobierno opresor que justifique el derrocamiento del presidente. Es conveniente que quienes tienen el mal pensamiento de sacrificar la libertad sustituyendo el Estado republicano por uno de facto, reaconducten sus conciencias, atemperen los espíritus y aprendan de la prédica del filósofo oriental que una dictadura es ominosa y devastadora de los derechos fundamentales.

*Darío Martínez Betancourt. Exsenador de la República.

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