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Pasto: ¿explosión social?

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Darío Martínez
26 de marzo de 2012 - 11:22 p. m.
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Hace pocos días la gente de Pasto se movilizó en forma pacífica, protestando por el alza injusta y desproporcionada del impuesto predial.

Detrás de esta apoteósica demostración de inconformidad subyace una gravísima situación económica y social, no evaluada suficientemente por ninguna autoridad, la cual puede, en cualquier momento, explotar en una peligrosa rebelión popular de impredecibles consecuencias.

En estudio del Banco de la República, publicado el pasado domingo 18 de marzo en El Tiempo, se advierte que el desempleo informal de Pasto es del 78%, cuando el promedio nacional alcanza el 62%. Si a ese porcentaje le sumamos el 13,5% de desempleo según el DANE, significa que hay un 91,5% de habitantes que no tienen ingresos estables.

Con lo pírrico que reciben deben pagar salud, educación, servicios públicos, vivienda, vestido, alimentación, transporte, etc. Y ahora se le suma un elevadísimo impuesto predial, cuestionado por todos los estratos sociales, con reavalúos y tarifas antitécnicas, equivocadas e inequitativas. Pasto no ha podido recuperarse de los estragos que generó la apertura económica de los años 90 y menos de la inmensa crisis ocasionada por las captadoras ilegales (pirámides).

El centralismo económico, político y cultural del país agudiza la desigualdad en Nariño, creando en la conciencia colectiva una latente frustración e indignación. Se añora aquella época en la que buena parte del departamento perteneció a la República del Ecuador y se registra con envidia la separación de Panamá, cuya independencia le evitó correr el infortunio del departamento del Chocó.

¡Cómo entender, por ejemplo, que para el año 2012 en el presupuesto de la Nación sólo se le asignen a Nariño escasos $32 mil millones para obras de infraestructura! Pero si por Pasto llueve, en el resto de la comarca nariñense no escampa. La Costa Pacífica vive en llamas y merece un capítulo separado que describa su histórico abandono, sus dolores y amarguras sociales. La violencia, el narcotráfico y el terrorismo campean en estas tierras, concomitantemente con la agudización de los problemas socioeconómicos.

La dignidad y el valor demostrados por los pastusos y nariñenses en varias gestas históricas enaltecen a una raza dueña de su propia tradición. En medio de la desesperanza, aún queda el valor para exigir y la fe no marchita en la paz y en el Estado colombiano. Los pastusos poco saben de mansedumbre, servilismo o cobardía. La historia la hicieron y escribieron de otra manera.

El presidente Santos, quien tiene un propósito democrático de justicia social, debe mirar más hacia el sur, con el fin que no se cumpla la predicción de un expresidente fallecido, quien dijo que cuando la violencia llegue a Nariño es porque todo está perdido.

Darío Martínez Betancourt, exsenador de la República.

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