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Instalarse en el cuerpo es también volverse infinito.
Está lleno de locales, puertas y habitaciones desconocidas que le dan a los días variedad de sensaciones y que van desde una dolorosa queja hasta una maravillosa experiencia cósmica combinada con desconcierto, asombro y fascinación. Por ejemplo, ¿quién no ha visto estrellas cuando nos machucamos ese último dedo del pie? O, ¿quién no investiga el punto exacto de la migraña y anhela cómo sosegar ese pedacito de cuerpo donde se instala el cólico mañanero? O, en la búsqueda de los tesoros, ¿quién no ha compartido sus itinerarios y orgasmos desde y hacia el más interior de los puntos?
Milenarios músicos, chamanes, dibujantes, científicos y exploradores nos dejan sus propios relatos de lo que es emprender un viaje de la cabeza a los pies. Han imaginado montes y valles, deteniéndose en el centro de la frente, debajo de la nariz, en la mitad de la garganta y un centímetro detrás del ombligo; han inventado una geografía de las sensaciones de la que nadie es dueño y han construido diálogos de ciencias para aliviar los males más concretos. Cargados de acupuntura china, alquimia medieval o mística aramea, llegan los manuales para contarnos lo que ya sabemos: que es justo detrás de la cuenca de los ojos donde se alojan las luces de otros mundos y que es en la planta de los pies desde donde nos aferramos al terruño.
Y dentro de esta complejidad de círculos y líneas, el sistema del yoga hace referencia a un pequeño punto que, por infinito, es imperceptible y desatendido. Ubicado justo detrás de la cabeza y opuesto a la frente, Bindu representa la posibilidad de imaginarnos en trazos de energía y no debe confundirse con otros lugares de conciencia. Entre la nuca y la coronilla, es una puerta de paso para quien se anima a buscar la savia de un punto sin límite y el acertijo del límite del punto.
Bindu es el espacio donde se alojan todos los tiempos y donde las acciones existen sin ocurrir. Infinito, concentrado y pequeño, es el cero de los destinos y el lugar desde donde llega el néctar que nos nutre. Bindu es la esencia de los placeres envueltos en un solo punto.
