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Como en cualquier sistema filosófico, en el yoga existen frases que son sentencias propuestas para la reflexión, la inspiración, la voluntad y el éxtasis místico.
Su elemento diferenciador y único frente a cualquier otra frase es su estructura corta y directa. Llamados sutras, aquellos aforismos invitan no sólo a su visión intelectual, sino también a su experimentación. Son afirmaciones tan simples como complejas y tan teóricas como concretas.
El sutra mayor, Aham Brahmasmi, significa yo soy todo o yo soy aquello y es la observación desapegada de las interdependencias y de las interrelaciones entre el todo y todos. Manifestación que da la impresión de ser cierta y de ofrecer un camino lleno de sacudidas, comprensiones corporales y significados que irradian claridades. Es un sutra que insiste cómo, al dejarnos atrapar por la ilusión del tiempo y del espacio, somos parte de los deseos, de los miedos y de las pasiones.
También indica que somos aquello que condenamos con juicio rápido y agudo, y que mientras las señalemos con el dedo, seremos parte de las envidias, las liviandades y las gulas con los perjuicios de obesidades y culpas que acarrean.
Somos eso que rechazamos y que nos produce disgusto o repulsión. Ser aquello evidencia que la ambición no es sólo de otros o que si nos levantamos con aquél o aquélla en las mañanas, tampoco podremos deshacernos de la pereza y la lujuria pegadas a las almohadas.
A veces los sutras abren dimensiones de un más allá luminoso e ideal, y el Aham Brahmasmi siempre ofrece un estado sutilmente más lúcido del ser.
Estados de conciencia que invitan a nuevos juegos de identificación individual y colectiva, libres de juicios de maldad o bondad, vías donde el esconderse detrás de lo que sí soy y de lo que no eres no tienen ya sentido. Este sutra es una declaración poderosa y cotidiana que nos permite experimentar la conexión con otros, la unión con el todo, lejos de las propias necedades y de la propia piel. Y siglos después de que los filósofos de Oriente insistieran en el Yo Soy Eso, los científicos como Giacomo Rizzolatti descubrieron cómo funcionan las neuronas espejo. Mecanismos corporales y evidencias científicas que nos obligan a aceptar la proximidad con los demás: somos ellos y ellos son nosotros. Sutras de Oriente que activan la resonancia, la empatía y la compasión; neuronas espejo que nos transportan al lugar del otro y nos invitan a aceptar que yo, también, soy aquello.
