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La orilla propia

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Diana Castro Benetti
13 de diciembre de 2008 - 12:47 a. m.
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Al lado de una orilla se divaga como si se esperara el inicio de un acto poético. Se ven los detalles de lo que sucede en el otro costado o se ve pasar lo de antes con lo que nunca será y es como estar desvestidos de metas y de resultados para perderse en pareos y sombreros.

En la orilla, se enfrían los pies y van llegando los miedos para que las expectativas sean una espera de soles, lluvias o atardeceres. Una orilla cualquiera se deja permear por lo que corre por sus costados, incluso deja de ser la misma cuando logra entender la frontera donde explotan las intenciones.

Nunca está de más buscar la propia orilla. Una que suene a mar o a río; una que tenga el aroma de un pico de montaña y el vuelo del águila, una que al escogerla para sí, sea el propio lugar de inspiración y lo más parecido a la flor de la conciencia. Reconocer un filo, es darle la bienvenida al miedo, despercudir las suposiciones y mantener en remojo lo que ha de venir. En la orilla propia se ven los fracasos y se hace inútil la especulación porque, bien escogida, es la guarida en tiempos convulsionados; es el estar fuera de lo que va y de lo que viene; es el silencio entre los barullos de otros y el horizonte para ver que como camina el río, sopla el viento o la ola suaviza. En la simplicidad del momento presente, una orilla propia es la decisión en el espacio de un salto al vacío y de la liberación de lo inútil. No hay pasado, no hay futuro, porque al estar en los costados, lo que llega es lo que es.

Y cuando respiramos olvidamos una orilla propia que por ancha y cercana, nos indica temperaturas, asperezas, éxtasis y transformaciones. La piel, ese borde discreto y obvio, donde sabemos que habitan las carencias y las necesidades, es donde vive el futuro en forma de deseo, de infinito y de imaginaciones; es ese lugar que nos envuelve y donde nos acordamos del otro, del que no está y de todo lo que ya fue. Es ahí, en esta orilla nuestra, donde desnudos siempre habitará la voz suave del mar.

otro.itinerario@gmail.com

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