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La que habita en el pozo

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Diana Castro Benetti
01 de noviembre de 2008 - 02:39 a. m.
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Cada pozo tiene su escondido y su escondite.

Mantiene oscuras sus profundidades y deja a la imaginación lo que no quiere mostrar. Pero hay uno que es más inaudito y escurridizo; hay uno que cuando da permiso para ver sus secretos expande eso que lleva adentro como los pétalos de los lotos de colores: es el cuenco cerca del periné.

La kundalini es el remolino de energía vital que existe enroscada y silenciosa en ese pozo en la base de la columna vertebral. Se viste de diosa o se disfraza de serpiente y se hace llamar la corriente de vida porque sexy sin ser sexual, visible sin existir, femenina sin tener género, puede despertarse y recorrer sin anuncios cada vértebra, atravesar el cuello, tocar la frente, el entrecejo y llegar hasta la coronilla para volver a ser un ovillo. En su viajar, abre los caminos para una nueva conciencia con aromas frescos y acciones repletas de afectos. Intensa y delicada, es un acceso rápido a la valentía de los que no van a la guerra y un pasaporte a vivir los detalles cotidianos sin amarguras ni tristezas.

La kundalini, cuando camina más arriba del ombligo, huele a sándalo y descubre que su poder no es la seducción sino la gentileza y que la comprensión abre lo que otros violan con menosprecio. Íntima, poderosa y alojada en la raíz, su energía se anuncia como el trueno para decirse poseedora del enigma de la creación. Sirve de poco perseguirla sin su permiso, como sí conviene mucho despertarla con la paciencia de quien respira con delicadeza.

Esta que habita en el pozo no levanta sospechas y encarna el coraje de saber amanecer para abrazar, reconocer los ojos de inocencia o jamás permitirse oler a pólvora. Sus sueños son tan reales como cualquier vida llena de amasijos de galletas, algunos escalones de éxitos, variedad de lágrimas en soledades, llantos de bebés y mesuradas locuras en los parques. En la existencia de una quietud simple de una mañana, sin la prisa de los roles y con el alma como empijamada, inhalar y apretar ese punto del periné, aviva la atención, pone en alerta el sistema nervioso y agudiza los sentidos llamando a la kundalini, que en su kundal, prepara un brebaje secreto y atrevido para que no se nos olvide hacer del vivir la delicia de cada acción consciente.

otro.itinerario@gmail.com

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