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Lao Tsé se perdió entre la ranura de una montaña, montado en un burro, y dejó tras de sí el Tao Te King, cuando, por las lejanías del siglo VI a. C., logró contagiar toda incredulidad con las certitudes de que la fluidez es reina, el movimiento ley y que nada puede ocultarse al escrutinio de un futuro.
Según el Tao, no existen maneras de predecir los movimientos de las conciencias individuales, porque, tal y como lo vienen gritando gurúes y científicos, lo único cierto es que las ideas, los corazones, las actitudes y las voluntades se zarandean y se conmueven para hacer girar ruedas y ruedas de oportunidades.
Así las cosas, las transformaciones personales están siempre muy lejos de las recetas o de las obligaciones y deberes. Son más bien esas cantidades de pequeñas acciones que todos los días surgen para dar un pequeño empujón a las nuevas perspectivas y alas a sueños e ilusiones. Vestidas de casa, carro y beca, las motivaciones para el salto hacia una nueva dimensión propia se dan desde las necesidades de la supervivencia y hacia la conciencia humanitaria de que somos más que uno solo.
Lao Tsé, que pasaba por loco encima de su burro, decía que un buen camino es la mezcla perfecta de aceptación y voluntad; de intención y de esfuerzo, de decisión y dejar partir; de acción y de silencio. Es aquel que le da mil vueltas al cómo enterrar la importancia personal, a cómo desanudar el resentimiento, a cómo remendar los dolores de sí y los malestares de otros. Un buen camino no se hace el de la vista gorda con los desafíos ni oculta los demonios, y tampoco se asusta ante las amenazas o se convierte en ley escrita en piedra. Un buen camino se hace con errores y requiere de intenciones que construyen, regalan, abren, crean, dicen sí y asumen sus consecuencias.
Un buen camino no se impacienta ni se inmoviliza; un buen camino es el propio, y no el ajeno. Pero un mejor camino es aquél que considera lo esencial como sacro y respira profundo para que la vida fluya, como el Tao, que se mueve y que avanza a sabiendas de que la fuerza suave es toda acción vestida de presencia e intensa en afectos y responsabilidades mutuas.
