Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Avanzar en el camino del autoconocimiento tiene sus señales. Entendido por algunos, es escoger una vía para acoger con disciplina sus requerimientos.
A veces implica renuncias, otras más implica asumir las transformaciones internas para hacer de la prédica y del deseo un arte de la coherencia y la práctica. Algunas vías insisten en el silencio, la austeridad, la palabra cuidadosa y la visión de un amor amplio y a veces promueven comandos de autoobservación, de valores y hasta de dogmas de alta tecnología. Otras rutas apuntan a darle la vuelta a la cabeza, remover fluidos y abrir los circuitos invisibles de la oxigenación consciente en cada esquina celular para, así, alcanzar el mundo de la belleza y desatascar la felicidad. Cada uno a su manera pretende diluir los ruidos y los pesos de los pensamientos, ambiciones y toda ilusión; busca darle paso a la comprensión afectuosa de lo que vamos siendo y de nuestra influencia sobre aquello que nos rodea.
Pero, casi siempre, el camino de cualquier pesquisa personal requiere de pasos ligeros y delicados por esos reinos interiores que son como pétalos de loto. Mundos propios que no presentan ni orden ni estructura, que nadie puede asir ni clasificar y en donde otros no deberían tener soberanías. Recorrer un camino personal no exige grandes visitas a Oriente, ni símbolos, ni demostraciones de poderes, ni actos heroicos de placeres desconocidos. Lejos de las técnicas exóticas y pintadas de misterios, sólo hay que observar, aceptar y actuar con sencillez. Es decir, vivir.
Tomar la decisión de estar en una vía de autoconciencia es poder ver que la vida es cotidiana, es ahora, es en este instante. Es admirar la belleza y la bondad de caras nuevas, es abrir el corazón a la luz de una mañana que aún podemos percibir, es saborear el pan de aquel lugar de siempre y saber que el alimento diario es un regalo de una naturaleza generosa. El camino de búsqueda interior es estar dispuesto e inocente para sonreír y maravillarse por lo que nos sucede hoy. No hay otro poder más grande, no hay otra fuerza mayor, no hay un mejor éxito que la vida que vivimos: maravillosa porque estamos vivos, magnífica porque es única, amorosa porque estamos con otros, religiosa porque nos une, sencilla porque es la nuestra. En la vía del conocimiento, lo simple no puede ser indiferente a los otros y es con la decisión y apuesta diaria por la simpleza que se conoce la libertad.
