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En el yoga, la acción es inteligencia mezclada con pizcas de atención y toneladas de presencia.
Arte de ser y maestría de la respiración leve y continua; es el flujo obvio de los eventos que por lo cotidianos, son únicos y esenciales. Yoga es ir haciendo con tanta delicadeza, que cualquier día sorprende el olor de una flor o vuelve a suceder un sonido de la infancia. En el yoga, el camino es la belleza sin que la naturaleza transite por fuera y la vía del medio es la aventura de un cuerpo que opta por los ovillos de una cama estrecha o hace de las células los tornillos de las ideas.
Y es en la mitad del bullicio de cada cual, donde el yoga crea conexiones entre movimiento y quietud, silencio y palabras, entre lo que somos y lo que seremos. Es en la mitad de un café cuando aparece la unión del todo con lo particular y se hace presente un arte que reinventa a cada quien. Nada mejor que una respiración profunda desde el cuello, las orejas y el útero; nada más refrescante que atender el instante y correr el riesgo de deshacer ataduras para olvidarse del mundo de las estanterías y los ropajes vistosos.
Silencio, emociones, pensamientos y acciones son los útiles de un ojo que aprende y un saludo sin defensas hacia el otro para que, en el proceso de juntar las manos en el centro del corazón, se abra el destino de quienes se reconocen. Un namasté es una reverencia que da rienda suelta a las acciones de todos los días, abre el sol y el cuerpo para que respiren las células y puedan explorar el sonido entre la piel y la carne. Namasté es hacer contacto con las dos palmas para permitir el centro antes que la periferia y es el mudra perfecto para ponerle cerrojos a la amargura y el desconsuelo. Es una corta inclinación con la atención en el centro del corazón que atrae la fuerza de una acción tan inteligente como serena y tan amable como sólida.
Namasté es juntar las manos a la altura de nuestros amores para cerciorarse de que nos encontramos con otros cuerpos y no nos olvidarnos de ser uno. Namasté en silencio, namasté por las mañanas, namasté sin prejuicios; namasté sin timidez, namasté para todos y namasté desde las noches que se imaginan luminosas. Con cada acción, un namasté en silencio para que fluya lo que ha de venir.
