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Otros lugares

Diana Castro Benetti

12 de febrero de 2010 - 09:08 p. m.

Una pizca de albur y de destino hace que lo inesperado sea la golosina de lo cotidiano. Mezclados de inocencia y mito, ni la casualidad ni el determinismo pueden exigir su único reinado. Fortuna grande para quienes se encargan de tejer, de provocar, de construir y de esfumarse.

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De un costado, el azar con el que nunca se cuenta, el azar que es ilusión, el azar que abre los cielos y el azar que hace de la magia su compañera, existe para recordar que contra él no hay habilidad que funcione a la hora de explicar milagros.

Vive con simpleza y hace de la probabilidad su credo. Y del otro lado, cualquier baraja de tarot resulta indescifrable sin la Rueda de la Fortuna, ese arcano que desata mundos de comprensiones propias y que, con giros y despertares, anuda las causalidades de los actos a la previsibilidad de sus consecuencias.

Destino es a lo que nos apegamos para espantar los sufrimientos y dejar en manos de otros lo que no queremos reconocer. Aleatoriedad y complejidad, disciplina y aceptación, son los juegos que nos propone un mundo donde no todo puede ser explicado. Incoherencias y contradicciones que son el terreno de las intuiciones y donde la telepatía no ha empezado, aún, a ser un truco barato. Las acciones con mística, ética, voluntad y obediencia, deben saber atrapar su átomo de locura para despeinarse y hacer posible que el día amanezca enigmático.

Por eso, andar con la responsabilidad propia y el buen juicio de un costado requiere, sin duda, de la necedad y la irreverencia en el otro. Cobijarse sólo con la voluntad es perderse la fascinación de un beso sin intención, de corredor, apresurado, porque no aliarse con el azar es olvidarse de la propia creatividad y de esos rincones donde uno y otro plantan los momentos propicios para los encuentros.

Entre el destino y el azar, están los otros lugares que abren los cielos, que nos susurran lo inútil, lo desesperado y la fuerza de una vida que recorre los kilómetros de pieles sedientas como instantes que le dan sentido al alma y a la rutina. Esos lugares son como esferas que pintan con delicado matiz la locura irresponsable de atreverse a ser.

otro.itinerario@gmail.com

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