Hay hilos que son de seda. Hilos que abren el paso de las sensaciones del lujo en los tejidos. Hilos firmes, suaves y exóticos. Arte de muchos.
Pero también existen hilos que parecen cadenas hechos de deseos sin libertades y que se van transformando en madejas de acontecimientos, prisiones de ambiciones, de agonías y de destinos malucos.
También hay hilos invisibles como el que se establece, por ejemplo, entre un pensamiento y otro, ese espacio de inmensa infinitud que vuelve pequeño el acto creativo, la amargura o el vino. Lugar intangible donde sucede lo que no pensamos y lo que no imaginamos. Espacio difícil de atrapar porque, al ser inquieto e invisible, desaparece justo cuando el hilo ya ha tejido la realidad con sus ficciones.
Y hay hilos que entrelazan lo más invisible de lo que somos y de lo que no somos y que se asemejan, casi siempre, a un acercamiento suave luego de pasiones esperadas por siglos. Estos son los hilos sutiles que se mezclan con el éxtasis que produce una libertad hecha a base de atención y de conciencia. Así, cuando se respira con delicadeza y se vive en quietud; o cuando se está atento al espacio entre un pensamiento y otro; o cuando se recorre con luz el camino por una espalda con sus circuitos, surge, como decía Rumi, el sabio y poeta persa del siglo XIII, la certeza de que somos el universo en la gota y la gota en el universo. Es la magnificencia del destino.
Y la anarquía del que explora sus acciones y las asume para transformarlas, la de aquel que goza y se entrega en su conciencia más infinita sin espacios ni tiempos, no es un hilo de menor calibre. Tan exquisito como la seda, une las decisiones en el instante con el portal de la liberación. Despierta la rebeldía mayor de ver la belleza en sus células y en sus éxtasis matutinos; de comprender el mundo de sus acciones y de sus dichas cotidianas; de ser el respeto para sí y ofrecer la compasión para otros. La rebeldía más grande es declarar que no hay otro lugar sagrado que el deleite de vivir porque una vida, dicen los que saben, es como un hilo de seda que ata a la libertad un beso con otro.