Hay caminos que por lo sagrados, abren las puertas de la inmensidad.
Rutas que implican empacar el ojo agudo y la respiración lenta como cuando se decide llegar a la montaña predilecta, la playa más ancha, el río siempre claro y, de un solo gesto, reavivar el sentido de la existencia. Una ruta sagrada requiere de la fe propia del aprendiz y de la osadía de quien se entrega parar hacer del ritual de comunión con cielo y tierra, un magnífico rito de paso.
Caminos sagrados son los de las cascadas, los pájaros cuando migran o los accesos a recintos donde el silencio es anfitrión. También son caminos dignos los que unen las estrellas con la tierra, como el de Roncesvalles hasta Compostela pasando por la Vía Láctea o el de Ollantaitambo hasta el Cuzco siguiendo la ruta del amanecer. Hay caminos que hacen durar las eternidades como cuando, en las mañanas y en un abrir y cerrar de ojos, se levanta el puente del ombligo hasta la frente.
Y hay caminos que por lo paganos, son el prodigio de la creatividad. Vías que invitan a la exploración y la vivencia de lo inimaginable o senderos que deben ser recorridos una y otra vez para encontrar el meollo de lo que nos zarandea. En lo que sentimos cada uno de los días, aparecen los dilemas que no queremos resolver y los pasos se van unos detrás de otros, sobre los recuerdos de los encuentros de leche y azúcar o sobre los desafíos que nos hacen doler. Estas son vías que tienen sus vericuetos cuando se van pisando las sábanas de otros para desgarrar lo que no nos pertenece. De lo pagano siempre queda la lluvia que cae y la celebración en carnavales que mezclan la sincronía con el bullicio. Recorridos de cotidianidad que, por lo picantes y amargos, nos dan la luz verde para una casa, una hija y un amante.
Y hay una ruta que al ser sencilla invoca la complejidad. Requiere de la actitud y de la mística de las mentes de servicio: es la ruta del aprendizaje. Aprender es más que un acto de recibir información; aprender es más que el entrenamiento de unos hacia otros; aprender es más que compartir; aprender es la actitud que nos obliga a permanecer abiertos a lo que llega y comprender lo que vamos siendo si podemos observar lo que nos limita. Aprendizaje no es otra cosa que la voluntad de maravillarse con la vida, con los detalles y con las nimiedades de un destino común y corriente hecho de besos, abrazos, expectativas y más de una crisis.