Los modelos de desarrollo imperantes han construido una sociedad desigual e irresponsable con los vecinos de nuestra casa común. El éxito individual muchas veces se ha cimentado sobre la exclusión y discriminación hacía las mujeres, la explotación de pueblos afrodescendientes e indígenas, la destrucción de la naturaleza de los países menos desarrollados y una acumulación desmedida de riqueza en unas pocas manos. Frente a este escenario, surgen voces críticas y formas de asociación que cuestionan la exclusión y que se expresan en manifestaciones sociales como los movimientos juveniles en Chile y Colombia, el movimiento feminista, el movimiento contra el racismo y el movimiento ambientalista. La humanidad, en los últimos años, ha venido enfrentando una serie de momentos conflictivos que nos han conducido a develar nuevas formas de vida en comunidad.
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El cuestionamiento del statu quo por parte de los diferentes movimientos sociales a nivel global es contestado, la mayoría de veces, con autoritarismo y segregación. La disputa por los valores que nos definen como sociedad ha generado enormes tensiones reflejadas en el aumento de la violencia simbólica y física que resquebraja nuestras relaciones con los otros y profundiza el agujero de una espiral sin salida en la que aparentemente nos encontramos.
En estos momentos de incertidumbre debemos recordar que las mayores victorias y avances de la humanidad, como las ciencias, no fueron el fruto de una individualidad egoísta sino de liderazgos colectivos y transformadores. Nuestras naciones demandan que tejamos desde nuestra diversidad, y desde la solidaridad, nuevos códigos éticos para la vida en sociedad y para las relaciones con la naturaleza. Esto exige una comunicación que, en términos de Habermas, se oriente por la verdad, la veracidad, la comprensibilidad y la rectitud (Habermas, 1987)¹, y que además asuma valores como la humildad para reconocer al otro como agente transformador, la flexibilidad para construir en medio de la diferencia, y la voluntad de sumar y sumar de manera inclusiva.
El diálogo desde la diversidad que aquí sugerimos cuenta con una potencia transformadora sin igual, ella permite que nuestro mayor activo, el talento humano, pueda actuar sin barreras, de manera masiva, en favor de aquellos que más lo necesitan. La transparencia y la verdad en la comunicación son las mejores herramientas para que los esfuerzos colectivos construyan horizontes comunes de cambio que alineen propósitos, valores y acciones para permitir que más personas se sumen a esta transformación cultural contra el odio y la discriminación.
Como seres humanos, necesitamos siempre que se respete nuestra dignidad. Debemos ser conscientes de cómo nos relacionamos con los otros y de quiénes somos, asumiendo la coherencia entre el pensar, el sentir y el hacer. De esta manera podremos trabajar en nuestras falencias y apostar siempre por cambiar nuestras formas de vida para buscar un impacto positivo en nuestras comunidades.
Durante 155 años, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) se ha comprometido con la construcción de un proyecto común de nación que, más allá de las tendencias políticas, supere los fenómenos de violencia y discriminación. Para ello hemos armonizado la docencia, la investigación y la extensión con el propósito de formar integralmente personas que sean agentes de cambio ético con conciencia social, que transformen sus territorios y comunidades a través de la gestión del conocimiento.
Esta tarea que la UNAL ha desarrollado sin detenerse por más de un siglo y medio no hubiera sido posible sin la integración y el diálogo que miles de colombianas y colombianos de múltiples orígenes han desarrollado en nuestras aulas y en la interacción con las comunidades. Como institución, no hemos sido ajenos a las desigualdades inherentes a nuestra sociedad y por lo tanto hemos sido permeados por ellas. Como comunidad académica, somos conscientes de la necesidad de impulsar nuevas formas de vida humana, diversas, equitativas, incluyentes, sostenibles, sustentables y en paz. Como Universidad, apostamos por la construcción solidaria de este porvenir de reconciliación que nos permita dialogar, en común unión, sobre la base del respeto a la dignidad humana.
*Rectora, Universidad Nacional de Colombia.
¹Habermas, J. (1987) Teoría de la Acción Comunicativa Tomo I. Taurus.