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¿Qué estamos haciendo por la paz?

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Dolly Montoya Castaño
21 de agosto de 2021 - 05:00 a. m.
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La paz es un valor, un deber y un derecho universal que requiere de un trabajo colectivo de largo aliento. Hacerla realidad tanto en las ciudades como en los diversos y complejos territorios de nuestro extenso país es un requisito indispensable para el desarrollo de nuestra nación.

Según la ONU “la paz no solo es la ausencia de conflictos. Convivir en paz consiste en aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como de vivir en armonía”. La consolidación de los Acuerdos de Paz, que permitieron ponerle fin a más de 50 años de conflicto armado entre el Estado colombiano y la guerrilla de las Farc, busca sumar esfuerzos para la construcción de una paz estable y duradera a través de la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas, con garantías de no repetición, y establecer condiciones de vida más justas y equitativas para todas y todos. Además se propone sentar las bases para la solución de problemas estructurales asociados a las profundas brechas sociales, culturales y económicas del país.

En un conflicto como el que ha vivido Colombia durante las últimas décadas, los acuerdos políticos son fundamentales para resolver las diferencias a través del diálogo. La activa participación de la comunidad internacional, iglesias, instituciones académicas y representantes de los distintos sectores sociales contribuye a construir y a darle continuidad a esos acuerdos. En nuestro caso, la academia no solo se ha desempeñado como facilitadora de los acercamientos entre las partes, sino que incluso ha acompañado los distintos procesos de paz y ha tenido una activa participación en la implementación de los acuerdos, con particular énfasis en el diseño de estrategias que permitan la reconciliación a partir de un cambio cultural.

Las universidades públicas y privadas hemos acompañado los procesos de Paz en distintas épocas, a través de nuestras funciones misionales de docencia, investigación y extensión y el trabajo de grupos de investigación y centros de pensamiento. También hemos liderado iniciativas como la Alianza de Universidades por la Paz, que en su momento se ocupó de propiciar jornadas de análisis que serían acogidas por la mesa de negociación en la Habana. También consolidamos estrategias de cooperación nacional e internacional con las diversas instancias del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

Creemos que hacer realidad un acuerdo es un proceso complejo que requiere de esfuerzos y compromisos colectivos, a partir de la implementación en las instituciones educativas de cátedras de paz y reconciliación, de la creación de diversos espacios de encuentro entre los distintos actores del conflicto y de ejercicios de análisis que permitan establecer y reformular los problemas que emergen durante las distintas fases del proceso, con el fin de proponer soluciones a los mismos.

En un país con cerca de nueve millones de víctimas registradas, varias universidades han privilegiado el acceso de las víctimas del conflicto armado a la Educación Superior, además de proveer un acompañamiento psicológico y de trabajo social que les permita tramitar el sufrimiento que han vivido.

Como parte de nuestros esfuerzos para promover y fortalecer la participación política, las universidades propusimos la creación de una serie de emisoras comunitarias que permitieran establecer nuevos canales para la reconciliación, iniciativa que se podría fortalecer con asesorías y acompañamientos a las personas que se encuentran en procesos de reinserción. Instituciones como el SENA y algunas universidades que ofrecen programas técnicos y tecnológicos han tenido un papel de gran importancia por su carácter especializado en formar a quienes están interesados en integrar la fuerza laboral del país. Programas de asesoramiento en materia de agronomía y veterinaria, por ejemplo, son de gran importancia para que distintos proyectos se desarrollen en las zonas rurales. Sin embargo, es imposible pasar por alto las dificultades debidas al aislamiento en el que se encuentran grandes zonas del país, sumadas a la presencia de grupos armados interesados en continuar con el negocio de las drogas ilícitas.

La elaboración de un catastro multipropósito que permita identificar la propiedad y titulación de tierras de más del 60 por ciento del país, que apenas está en su fase inicial, es uno de los grandes retos de los acuerdos. Debido a su enorme complejidad, esta urgente tarea podría tardar hasta 10 años. Si bien actualmente hay 160 municipios priorizados, correspondientes a las zonas más golpeadas por el conflicto con las Farc, también se requiere un acuerdo de cierre con otras organizaciones en armas para llevar a cabo este propósito.

A pesar de las dificultades, no debemos dejar de considerar la importancia de que 13.000 personas decidieron dejar las armas, buscando que el país avance por la vía democrática hacia la implementación de mecanismos que antes no se tenían. La transformación de nuestro país dependerá de la implementación de los acuerdos y la concertación.

Alcanzar la paz es un proceso de largo aliento que requiere del compromiso ciudadano y dejar la comodidad de los escritorios para trabajar en los territorios de la mano de las comunidades. Por ello reiteramos nuestra invitación a dialogar y formular propuestas a partir de estrategias como Convergencia por Colombia, con el fin de encontrar soluciones concertadas a los distintos problemas y conflictos que se presenten en este camino.

Visibilizar la juventud como agente de cambio, resignificar la memoria histórica del país y hacer de la convivencia un proyecto ciudadano de cada uno de nosotros y de los hogares es fundamental para el propósito de construir la paz.

El reciente Acuerdo de Paz nos demostró que a pesar de las profundas diferencias que nos separan como sociedad es posible alcanzar nuevos consensos a partir del diálogo. La paz es un proyecto por el que debemos trabajar sin descanso, día a día, a partir de un liderazgo colectivo y transformador que nos permita vivir en armonía con los demás seres que habitan el planeta y con nosotros mismos.

@DollyMontoyaUN

* Rectora, Universidad Nacional de Colombia.

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Héctor(15733)21 de agosto de 2021 - 05:25 p. m.
Rectora Dolly, un buen aporte a lo que usted pregona es el retorno de los estudiantes al campus universitario. Detrás de la virtualidad hay violencias solapadas. Abra las aulas de la universidad más grande del país a sus propios estudiantes. No busque excusas para no hacerlo.
Pedro(44768)21 de agosto de 2021 - 12:14 p. m.
Todos debemos aportar a la construcción de Paz, que no es la ausencia de conflictos, sino la manera civilizada de afrontarlos, con idea de nación incluyente consolidando la democracia y la justicia. La tierra en manos de campesinos laboriosos, con proyectos productivos que respeten el ambiente. Educación y salud para todos. Por ahí se comienza.
DAVID(rv2v4)21 de agosto de 2021 - 11:13 a. m.
Bonito, para qué, tu cuento, respetada señora; pero, sáqueme las iglesias de su propuesta digna, que no sirven para nada; al contrario, nos tienen brincando en el Transmilenio para que nos quede algo para el almuerzo. Aplican para su propia condición rampante y rezante. ¿No te habías dado de cuenta?
Atenas(06773)21 de agosto de 2021 - 10:54 a. m.
Loruda opinión de la rectora, carente de estructura argumentativa histórica sobre el infierno nuestro. Diletante en su intención, o sofisma, presume q' por aceptar ignominioso acuerdo tiene la razón. Y en lo suyo hay trasfondo perverso, la Academia sólo instruye y da herramientas - estuve en 2-, no necesaria/ da sindéresis y ponderado juicio. Sí no qué sería de aquellos q' no van. Y lora da.
Felipe(94028)21 de agosto de 2021 - 08:57 a. m.
Con tanto trabajo desarrollado por la academia (la articulista nos abruma enumerándolo) no se entiende que este no sea el país más pacífico del mundo. Al colombiano no le interesa la paz ni su futuro, la prueba es que en el referéndum sólo votó el 37% del censo y además ganó el no. Al 63% restante le importó un comino y ni se molestó en votar. Este es un pueblo rezandero y violento, sin remedio.
  • ERWIN(18151)21 de agosto de 2021 - 11:57 a. m.
    asi mismo ..y voto por el no ..increible ..y que "paz con legalidad" ..en resumen ..tenemos lo que nos merecemos ..y sumele que venden el voto ..o sea ..venden el bien mas preciado de una democracia ..el voto ..estamos sufriendo el resultado de ese ejercicio ..
  • DAVID(rv2v4)21 de agosto de 2021 - 11:18 a. m.
    Nos enseñaron a matar sin asco, tan es así, que ya exportamos criminales. ¡Trabajo garantizado! Que a donde ponemos el ojo, ponemos la bala, y si es por venganza, hay una buena rebaja en la tarifa, Preguntar por Matarife. Absoluta reserva con propensión al borrón y cuenta nueva. ¡Anímense! animas del purgatorio. Descuento Inmediato.
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