Publicidad

Azafrán: sazonador de ideas

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Doña Gula
06 de marzo de 2010 - 03:07 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Se pasó en Bogotá, el fin de semana pasado. Parodiando el lenguaje culinario, puedo decir: ¡quedó en su punto! Organizado por el grupo creativo de la Casa Malpensante, bajo la dirección de Rocío Arias Hofman, se trató de un festival gastronómico donde la degustación de comidas y bebidas era lo menos pretendido.

Y le pongo mi firma: en ello radicó el éxito de su presentación en sociedad. Afortunadamente no fue un festival más de gastronomía de los que hoy surgen y se organizan a diestra y siniestra en todas las ciudades de Colombia y en los cuales —claro está— para el público asistente es más importante una clase de cocina sobre cómo hacer brownies, antes que la charla sobre la cultura del maíz, dictada por la directora del Conservatorio Gastronómico de México… en otras palabras, se trata de congresos gastronómicos, donde clase de cocina mata conferencia.

Este primer Festival Azafrán Gastronómico tuvo un formato excelente, ajeno a los grandes mostradores atiborrados de bandejas, y a la presencia de toldos y más toldos, ofreciendo comida criolla con calificación gourmet. Paradójico: se trató de un evento sin comida, sin clases de cocina, sin chefs superestrellas, cuya filosofía se expresaba así: “Queremos convocar a los comensales en torno a otra experiencia del buen comer, salpimentada de literatura, fotografía, cine y pintura”. Fue un fin de semana amable e impecable donde alrededor de una docena de conversaciones demostraron cómo la palabra (léase la conversación) es otro elemento de la gastronomía tan conspicuo como la cocina. Es un hecho, los organizadores seleccionaron unos temas estupendos, cuyos sugestivos títulos hacía difícil tomar decisión sobre dónde asistir. De igual manera, la ubicación geográfica (Zona G) y la solidaridad con los participantes al evento por parte de los vecinos que la conforman (hoteles, galerías, boutiques restaurantes, bares y librerías) otorgaron una atmósfera de amabilidad y buen gusto que permiten entender su acertado nombre: Azafrán; el cual, en palabras de sus organizadores, corresponde a la síntesis de lo refinado, lo selecto, la reunión de lo escaso que requiere tiempo y paciencia, pero que vale la pena. Quede claro: los primeros sabores que desprende este festival auguran resultados a futuro de más de tres tenedores.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.