Actualmente, gastrónomo que se respete alude y pregona con facilidad pasmosa los aforismos de Brillat-Savarin, y su libro La fisiología del gusto lo acompaña por doquier, cual misal de beato cristiano. Resulta que, contemporáneo de Brillat-Savarin, vivió en Francia un conspicuo personaje llamado Alexandre Balthazar Laurent Grimod de la Reynière (1758-1837), a quien los historiadores gastronómicos consideran ni más ni menos que el primer periodista gastronómico de la historia o, mejor aún, el fundador del género.
En otras palabras, es gracias a Grimod de la Reynière que la gastronomía como tal se inicia y consolida en el país con mayor reputación culinaria y posteriormente establece raíces en los países circundantes. Grimod (como se le conoce en el gremio de periodistas gastronómicos) fue gran descubridor y degustador de restaurantes y tiendas comestibles. Admirable peatón, deambuló por el París imperial fisgoneando en cuanto negocio exhalaba aromas de comida, razón por la cual inventó las primeras guías de restaurantes y, en sus “calendarios nutritivos”, explicó a las ignorantes y nuevas clases de su ciudad lo que convenía comprar y comer en cada mes del año.
Pero lo más valioso de este personaje nos lo cuenta Xavier Domingo cuando escribe: “Nuestro Goloso carecía de manos. Según ciertas versiones, desde su nacimiento. Según otras, al parecer mal fundadas, siendo un niño, un cerdo en la granja paterna le había devorado las manitas. Si esto explica la futura vocación de nuestro autor, es materia de psicoanalista. Baste señalar que Grimod utilizaba para comer y escribir unas complicadas prótesis metálicas. Inmundas, horribles pinzas con las que, durante toda su vida, este hombre refinado tuvo que atenazar tenedor y pluma”.
Sea esta la oportunidad para recomendar su libro Manual de anfitriones y guía de golosos (*), en el cual plasma perfectamente su genial estilo periodístico (culinario-político-social). Desde esta columna quiero rendir homenaje a tan excéntrico personaje y espero realizar con humildad y equilibrio un trabajo similar, aprovechando el privilegio de gozar de mis manos.