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“Yo no debería estar aquí”

Dora Glottman

20 de septiembre de 2019 - 03:21 p. m.

“Yo no debería estar aquí”. Con esa frase Tokata Iron Eyes, de la reserva indígena sioux Standing Rock, logró la atención del público esta semana durante un evento de Amnistía Internacional en Washington. La joven de 16 años continuó: “No debería de estar aquí porque no tendría por qué existir el término ‘activismo climático juvenil’”. Algunos de los adultos en el auditorio de la Universidad George Washington agacharon la mirada, otros lagrimearon. Greta Thunberg aplaudió.

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La indígena de la tribu del centro de los Estados Unidos tiene toda la razón. Debería de estar en un salón de clase, al igual que los millones de jóvenes que este viernes no asistieron a sus escuelas en por lo menos 140 países porque se convirtieron en activistas antes de siquiera tener edad legal para votar. Salieron a marchar motivados por el movimiento Viernes por el Futuro que nació gracias a Thunberg, quien estaba en el auditorio escuchando a Tokata porque ese día la sueca recibió el reconocimiento como embajadora de Conciencia de Amnistía Internacional.

La historia de Tokata Iron Eyes (que en español traduce Ojos de Acero) es tan impresionante como la de Greta, quien con un letrero que decía “Huelga escolar por el clima” originó un movimiento imparable. La indígena inició su activismo a los 13 años, cuando inspiró la protesta ambientalista más grande en la historia de las comunidades indígenas en su país. Comenzó cuando en el colegio se enteró sobre el oleoducto subterráneo que el gobierno planeaba construir atravesando su reserva indígena en Dakota del Sur y del Norte. La tubería iría por debajo del río Misisipi y amenazaba con contaminar el agua y atravesar tierras sagradas para los sioux. La niña, indignada, grabó un video de un minuto en el que repetía una y otra vez la palabra “respeto”, se instaló en el lugar por donde pasaría el oleoducto, donde más adelante se le sumaron 15.000 personas, y no se movió de ahí durante casi un año hasta que el entonces presidente Barack Obama suspendió el proyecto.

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Cuando Tokata se enteró de que el oleoducto no pasaría por la reserva indígena dijo a los medios: “Siento que me devolvieron mi futuro”. Pero no fue así. Cuatro días después de asumir el cargo, el 24 de enero del 2017, Donald Trump, en su afán de defender la industria petrolera a costa del ambiente, aprobó la construcción del oleoducto que cruza cuatro estados y mide más de 1.880 kilómetros. La adolescente pasó de ser una niña indignada a una activista de tiempo completo.

Hay una frase que me gusta porque, para bien o para mal, con los años resulta ser cierta. “Ten cuidado con lo que pides, porque de pronto se te vuelve realidad”. Más de una vez he deseado ver menos apatía y más curiosidad por parte de la juventud en asuntos de actualidad, pero no quería llegar al extremo de verlos asumir preocupaciones que aún no les corresponden. Hoy se invirtieron los papeles. Los menores son quienes llaman la atención a los mayores y dolorosamente la solución ya no es tan fácil como un regaño o un merecido castigo.

A la generación de Tokata y Greta no le queda más opción que tratar de salvar lo que se pueda y aprender a adaptarse a los cambios inevitables. Después de que la indígena conmoviera a los adultos en Washington al decirles que a su corta edad no tenía por qué estar ahí, terminó con una frase que resume bien el sentir de los millones de niños que siguen sus pasos: “Lo peor es que lo nuestro ya ni siquiera es activismo, es como nos tocó vivir”.

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