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Ando obsesionada con los temas del amor, porque así como creo que es urgente hablar de política, creo que es urgente hablar del amor… de la política del amor.
Eso me ha puesto a pensar que a la economía le falta amor. Y no, no me puse romántica, de hecho, creo que el amor romántico le ha hecho más mal que bien a la sociedad, pero ese es otro cuento.
Leyendo el libro Todo sobre el amor, de la feminista estadounidense bell hooks, en el que plantea nuevas maneras de ver y pensar el amor, entendí algo que puede sonar obvio, pero que no deberíamos normalizar: a la sociedad le falta amor.
Perdón si les hago spoiler del libro, pero me parece importante traerlo al debate. En uno de sus capítulos habla sobre la avaricia. Ahí menciona que en “una cultura dominada por el narcisismo, el amor no puede prosperar (...) Abandonos a nosotros mismos en un mundo donde impera el egoísmo, no hacemos más que consumir y consumir sin preocuparnos por los demás”.
Su idea de fondo es que la falta de amor es un terreno fértil para la codicia material y el consumo desenfrenado. Y es que a medida que los países y las personas van perdiendo sus ideales de amor, libertad y justicia, no queda más que darle rienda suelta al materialismo, a la acumulación y al dinero.
Eso último se vuelve en un caldo de cultivo para el egoísmo. Leyéndola también me cuestioné lo normalizado que tenemos las noticias que cuentan, por ejemplo, que Elon Musk, dueño de X, Tesla y Space X, se volvió en el primer trillonario del mundo. O sea, el primer TRILLONARIO.
Algo estamos haciendo mal como sociedad si una sola persona puede concentrar tanta riqueza, mientras que según datos del Banco Mundial, en 2024 había 847 millones de personas en pobreza en el mundo.
“Cuando el consumismo y la codicia están a la orden del día, la deshumanización se vuelve aceptable”, dice bell hooks en el mismo libro.
Y sí… tiene razón, si en el mundo existiera más amor, un amor entendido como cuidado a nosotros mismos, pero también a otras personas, nos parecería increíble que una sola persona concentre tanto dinero, en lugar de pensarnos como sociedad, o al menos cuestionarnos, cuáles son los topes que debería tener la riqueza.
Yo sí creo que así como los gobiernos se obsesionan por sacar pecho en sus discursos por sacar a x cantidad de personas de la pobreza, el liderazgo global debería mirar cuánto es suficiente para vivir bien (topes a la riqueza). Pese a eso, creo que el cambio empieza desde adentro, es clave entrenar la empatía y el amor por otras personas.
¿Será que si compartimos de lo que tenemos el mundo se nos acaba? No lo creo. Creo que si más personas lo hiciéramos, tendríamos un mundo menos desigual.
La generosidad y vivir de una manera más sencilla es un acto revolucionario de amor que nos permite pensar más allá de nosotros mismos.
Y aunque las políticas públicas tienen un componente axiológico, en el que dicen a qué valores le están apuntando conseguir en la sociedad como por ejemplo, la solidaridad u otros, sí creo que deberíamos tener un indicador más claro sobre el amor en nuestra sociedad.
Y ustedes, ¿cómo están de amor hacia el resto?
*Valerie Cifuentes es directora creativa y cofundadora de Economía para la pipol.