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El domingo 8 de marzo, casi 21 millones de personas salieron a votar en las elecciones al Congreso y siete millones en las consultas interpartidistas (presidenciales). Y todos estos días, el país ha estado hablando de eso… incluida yo con esta columna.
Pero más que analizar los resultados, hay algo que me llamó mucho la atención: el creciente interés de influencers que se lanzaron al Congreso queriendo pasar de likes a votos y la respuesta de muchas personas, incluido el influencer “La liendra”, criticando esas campañas porque “el país necesita gente preparada, no famosa”.
Este debate no es nuevo, también se daba en la Antigua Grecia. Para Aristóteles, las personas más sabías debían gobernar. A pesar de esas visiones, en Colombia, la Constitución dice casi que “cualquier” persona puede aspirar a un cargo en el Congreso.
Los requisitos en Colombia son la edad, la nacionalidad y que tengan derechos políticos (toda la gente, menos la que está en la cárcel o es militar). O sea, toca ser de Colombia y tener mínimo 25 años para aspirar a la Cámara y mínimo 30 años para aspirar al Senado.
Toda esta discusión y crítica hacia la gente influencer lanzándose a la política porque “no está preparada” me pone a pensar que el rechazo colectivo a esa idea no es necesariamente porque sea gente popular en redes sociales queriendo pasar al Congreso, sino que es un malestar que muestra un problema más de fondo: quiénes, en general, se lanzan al Congreso.
No creo que esté mal que una persona que ha usado sus redes sociales para hacer contenidos de valor, educación, control político o social esté “inhabilitada” socialmente para querer ser congresista, solo porque es influencer.
Si una persona, por el canal que sea, usa su influencia para el bien colectivo, debería poder lanzarse y pensar en leyes en beneficio de la gente y de los temas de agenda que le interesan o que trabaja y mueve en su feed de redes sociales.
Si una persona es coherente entre lo que dice y hace en beneficio de otros, en esos casos, es más fácil que un like o que el alcance de las redes sociales se traduzca en votos.
Y, aunque legalmente cualquier persona puede aspirar al Congreso, no creo que cualquiera deba llegar y siento que ahí está el malestar de mucha gente dado algunos candidatos y candidatas de las elecciones recientes. Toca cuestionarnos cuál es la experiencia de la gente candidata, qué ha hecho por la sociedad, qué alianzas tiene y qué propone.
Lo triste es que en pleno siglo XXI, cuando más información disponible hay en internet, Colombia siga montando a gente al Congreso con líos de corrupción como Wadith Manzur, Karen Manrique, Miguel Angel Barreto, John Besaile y otros, según información pública.
Aunque no lo parezca, el Congreso es super importante porque allá se decide sobre vainas clave como las reformas, el presupuesto del país y la modificación o aprobación de leyes. Además, hacen control político y eligen otros cargos como las cabezas de la Contraloría o la Procuraduría.
¡Amig@ date cuenta! Criticar al influencer que se lanza es fácil, pero el reto es limpiar nuestro feed electoral y filtrar con rigor a quién le damos nuestra atención y voto. La cuestión no es quién se lanza, sino a quiénes dejamos pasar.
*Valerie Cifuentes es directora creativa y cofundadora de Economía para la pipol.
