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Las verdades de la economía y otras mentiras

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Economía para la pipol y María Camila González
27 de abril de 2026 - 05:12 a. m.
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La economía, aunque tenga modelos y fórmulas matemáticas, no es una ciencia exacta. Viene con teorías, explicaciones e hipótesis de qué es lo que funciona y qué no para un grupo de personas o para un país. Está plagada de interpretaciones y verdades que no son absolutas. Por eso, entre periodistas decimos que los y las economistas siempre responden: depende.

Para algunas teorías hay más pruebas que otras y también más seguidores o detractores. En este momento nos debatimos como país entre ideas en orillas distintas de lo que debería pasar con la economía. Unas personas dicen que el Estado se debe hacer más pequeño, que hay que reducirle los impuestos a las empresas, que hay que incentivar la empresa privada. Otras dicen que hay que tener un Estado más grande, que tenemos que subir más el salario mínimo, o que el Banco de la República no tiene por qué tener las tasas de interés altas.

El problema es creer que cada una de esas ideas es una verdad absoluta.

Hannah Arendt, en un ensayo que titula: Mentir en política, dice que las figuras políticas, casi que por defecto mienten. Pueden hacerlo porque tienen la capacidad -y la libertad- de imaginar algo y por eso se mienten a sí mismas. Exageran los hechos o crean una realidad alternativa.

Esta filósofa, que también se consideraba historiadora, politóloga, socióloga y escribió sobre el totalitarismo, dijo que la verdad (la de los hechos) se vuelve algo que se transa y se moldea para convencer y persuadir.

Lo que hace a la economía tan frágil frente a una verdad matemática, como que 2 + 2 es 4, es que es vulnerable a los intereses políticos, que manipulan algunos hechos y los combinan con mentiras.

Por eso es que el periodismo históricamente se ha vuelto una actividad tan peligrosa y amenazante. La sola descripción de un hecho se puede contraponer a la narrativa de un grupo político.

Cubrir la economía se vuelve entonces un ejercicio aún más complejo. Nos podemos acercar a los hechos a través de los datos estadísticos para entender qué pasa, aún cuando estos mismos datos tienen un margen de error. Pero la interpretación de esos datos es distinta según quién la mire.

El problema, que también preveía Arendt hace 55 años, es que la manipulación de la verdad en la política nos nubla la capacidad de discernir y de pensar por cuenta propia. Es más fácil seguir a una figura líder en la política como la única portadora de la verdad absoluta. Como hay muchos hechos, verdades y mentiras en un mismo espacio, el criterio se vuelve un músculo cada vez más difícil de ejercitar.

La gente tiende a seguir ciegamente las ideas de un lado o del otro, las cataloga como la única verdad y quienes piensan distinto ya no son oponentes de ideas, sino enemigos.

En Economía para la pipol nos esforzamos para no caer en eso y creo que varios medios de comunicación, académicos y analistas también.

Les propongo que salgamos de la burbuja de las ideas con verdades absolutas para pensar en un país que puede construir desde lo distinto. Al fin y al cabo, creo que todas las personas, en esencia, queremos casi lo mismo: tener oportunidades y sentir que podemos vivir en un lugar tranquilo y mejor.

*Directora ejecutiva y cofundadora de Economía para la pipol.

Por María Camila González

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