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Economía para la pipol

¿Para qué la libertad?

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Economía para la pipol y María Camila González Olarte
31 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
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¿Se ha preguntado qué es la libertad? Le doy algunas ideas. Poder elegir cómo gastar su plata, cambiarse el nombre, amar a quien quiera o elegir a sus gobernantes.

Pero la libertad también pasa por otras orillas más abstractas y complejas como poder decir lo que piensa, creer en la religión que quiera, cuestionar lo que hace un político o política o simplemente decirle que no a alguien que le propone algo sin que eso tenga consecuencias peligrosas para usted.

Pero imagínese por un momento que ya no puede hacer eso: ni votar, ni llamarse como quiera, ni opinar.

La tendencia es clara. Llevamos años viendo un resurgimiento de ideas y grupos que reclaman que las mujeres no deberían trabajar o votar; que la agenda para cerrar las brechas de género no debería existir o que los gobiernos deberían tener más control de la prensa, del Congreso, de la rama judicial e, incluso, del sector privado.

Las razones son varias, pero las resumo en una palabra: control. La diversidad de ideas y personas que ha surgido a partir de esto es tan fragmentada que la gente es más difícil de manipular y predecir. Para los proyectos autoritarios, como decía Hannah Arendt y lo he repetido en otras columnas, la pluralidad del mundo es un problema.

Y aunque hoy es la tendencia en varios grupos de gente, hubo un momento en el que creíamos lo contrario.

Inspirados por la idea de la democracia, hace 35 años, un movimiento ciudadano y estudiantil logró que cambiáramos la Constitución en Colombia. Las conversaciones que tuvimos como país le dieron el poder suficiente para que el reclamo fuera legítimo y todos los actores de la sociedad como el Congreso, el sector privado, el gobierno, la rama judicial, las organizaciones de sociedad civil y la prensa encontraron el valor en esa diferencia.

Se acordó que la gente podía tener libertad de culto, ser quien quisiera ser, y podía expresarse sin miedo, o al menos había una institucionalidad que la protegía. No teníamos que ser iguales para poder ser parte de una nación. Hoy esa idea perdió rating.

Un país, así como pasa en las empresas, crece con la fricción y el movimiento. Los premios Nobel de Economía, Daron Acemolgu y James A. Robinson, dicen en su libro ¿Por qué fracasan los países? que las naciones alineadas con regímenes autoritarios crecen fácil, pero no de manera sostenible sin instituciones pluralistas con contrapesos.

Y si algunos no quieren ver a la libertad como un principio democrático, veámoslo entonces desde el pragmatismo. Un país que permite la diversidad crece más, innova mejor y se sostiene en el tiempo.

Entonces, si no quieren defender la pluralidad por convicción democrática, hagámoslo por pura supervivencia económica. En un país que está creciendo a paso lento, que tiene las finanzas públicas apretadas y con una inflación que todavía no cede del todo, el camino no es que nos uniformemos, sino que respetemos la diferencia, la independencia y la libertad.

*María Camila González Olarte es directora ejecutiva y cofundadora de Economía para la pipol.

Por María Camila González Olarte

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