Para leer esta columna, usted va a necesitar un celular, un computador o un papel periódico. Las tres cosas requieren energía. ¿Había pensado en lo mucho que dependemos de la energía eléctrica para hacer cualquier cosa? Desde bañarnos, hasta cocinar o trabajar.
¿Por qué le hablo de esto? Se viene una de las sequías más duras para el país que hace que el país se caliente más y llueva mucho menos. Eso ya le está pegando al sistema eléctrico que mantiene su luz prendida ininterrumpidamente en la comodidad de su casa.
Colombia tiene un sistema eléctrico que se ha enfrentado a dificultades regulatorias, proyectos de energías renovables frenados y una matriz energética que no puede depender completamente de las hidroeléctricas, que funcionan según la cantidad de agua que tengan en los embalses. Y si hay poca agua, a las turbinas de las hidroeléctricas les va a quedar más duro generar energía.
Súmele que cuando no hay suficiente agua, al país le toca prender las termoeléctricas que funcionan con combustibles fósiles como el gas o el carbón. O sea, nos toca usar fuentes más contaminantes a falta de agua. Y varios proyectos de energías renovables están atrasados y la energía que se esperaba que produjeran está embolatada.
La realidad es que algunas zonas del país ya han visto interrupciones en el servicio. Como lo dijo Camilo Sánchez, el presidente del gremio de las empresas de servicios públicos, Andesco, ya han empezado algunos “cortes programados” y preventivos en municipios del país. La razón es que la gente está consumiendo más energía de la que el sistema puede generar y luego transportar (vía las redes de transmisión).
Le doy unos datos para que se haga una idea. La demanda de energía este año, o sea, la que consumimos en Colombia, está en sus picos históricos y la oferta, o sea, lo que se puede generar, no está creciendo al mismo ritmo, según XM, la entidad encargada de operar el sistema interconectado nacional y el mercado de energía. En palabras sencillas, es la empresa que sirve de articuladora entre empresas que compran energía con las que la generan y la venden. Y, además, centralizan la información de todo ese sistema.
Como lo llevan advirtiendo gremios del sector eléctrico, de gas y de hidrocarburos, el país no está preparado para la sequía que se viene y eso puede tener varios efectos en la gente: aumento de la tarifa del recibo de servicios públicos como el agua, el gas o la luz. Incluso posibles cortes o apagones.
Eso sí, en ruedas de prensa, aquellos que toman decisiones en el sector insisten en que harán lo posible para que los apagones no pasen, esa voluntad es insuficiente si como país no nos ponemos de acuerdo.
Por ejemplo, al gobierno le corresponde destrabar proyectos de energías limpias que estaban frenados, impulsar la inversión en el sector para mejorar las condiciones y evaluar cómo conseguir más gas para no depender tanto de comprar afuera.
Mientras tanto, usted y yo también podemos poner de nuestra parte. Y antes de irme, le dejo una idea: la CREG, entidad que regula el gas y la energía, sacó un programa para tener saldo a favor si consume menos energía y cobrarle más si aumenta su consumo.
*María Camila González Olarte es directora ejecutiva y cofundadora de Economía para la pipol.