¿Qué nos puede aportar Haití?, le preguntó Germán Vargas Lleras al presidente Gustavo Petro a propósito de su reciente visita oficial a la nación caribeña. ¿Qué le puede aportar a nuestra Colombia el supuesto país más pobre del continente? Una nación sumida en la inestabilidad política desde hace varias décadas: ¿merece, realmente, un espacio en la agenda de un jefe de Estado en cuya nación rige un estado de conmoción interior a causa de la crisis de orden público en la región del Catatumbo?
Como Vargas Lleras, otros políticos tradicionales piensan que Haití no tiene nada que aportarle a Colombia. Lo mismo consideran muchos otros ciudadanos. Los mismo que no comprenden, tampoco, la ceguera que les viene de su hegemónico linaje. Y piensan eso porque no conocen la verdadera historia del país. Son hijos de la educación tradicionalista y de la historia eurocentrada escrita por sus antepasados colonos que se encargaron de borrar toda acción libertaria organizada por líderes afro o indígenas, para afianzar la percepción de que nunca le hemos aportado nada al sueño tricolor.
Piensan eso porque no tienen conciencia crítica, ni quieren tenerla, pues la misma los obligaría a cuestionarse unos privilegios a los cuales no quieren renunciar a pesar de sus hipócritas discursos sociales. Piensan eso porque todavía creen que Colombia se independizó porque se rompió un florero, y no porque el coronel haitiano Alexandre Petión accedió a reunirse con Simón Bolívar el 2 de enero de 1816 en Haití, comprometiéndose a apoyarlo en su gesta libertaria con la entrega de armas, municiones y múltiples recursos sin los cuales Bolívar no hubiera logrado consolidar la emancipación de cinco antiguas colonias españolas. Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela le deben a Haití el hecho mismo de ser naciones independientes; el haberse liberado del yugo español para constituirse como estados autónomos gracias a una lucha bolivariana respaldada también por ejércitos de cimarrones que le dieron sentido el rojo de la bandera de La Gran Colombia.
La pregunta sería más bien ¿qué le puede aportar Colombia a Haití? ¿Qué podemos los colombianos retribuirle en estos difíciles momentos de su historia al único reino negro que se mantuvo el pie durante el siglo XIX (junto con Etiopía) y sin el cual nuestra independencia hubiera sido poco menos que una quimera? América Latina tiene una deuda histórica con Haití que sería justo empezar a reconocer. Como también haría justicia aceptar que la exorbitante deuda impuesta por Francia sobre el pueblo haitiano como venganza por su revolución, liderada por antiguos esclavizados, es la verdadera razón de sus dificultades en el camino hacia el desarrollo social y político.
Critican, como siempre, al presidente Petro cuando sus acciones y palabras demostraron claridad sin igual sobre la historia continental, no basándose en las fábulas blancocentristas que enseñan aún en los colegios latinoamericanos, sino en los hechos verdaderos que han sido arrojados debajo de la alfombra del racismo para seguir justificando la opresión contra el primer país de Suramérica y el Caribe en alcanzar su independencia.
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