Entiéndase de entrada que amo profundamente a Colombia. Vivo orgullosa de haber nacido aquí y el hecho de no celebrar el 20 de julio no me convierte en una detractora de la nación colombiana. Sí en una crítica de la historiografía que se nos ha impuesto acerca de esta fecha, que raya con la narrativa de una escuálida fábula infantil en el centro de la cual está un florero.
También es importante decir que me autorreconozco como afrocolombiana. La misma composición de esta palabra antepone el origen africano de mis ancestras al ser nacional de esta “matria” tricolor, indiscutiblemente maravillosa, pero cuyo nombre es una apología al colonialismo.
Así es: soy afrocolombiana y amo mi país. Pero creo que deberíamos cambiarle el nombre y también dejar de contarle a nuestros niños que el 20 de julio de 1810 se rompió el Florero de Llorente y entonces “en un momento de efervescencia y calor” se dio el grito de independencia que nos llevó a despojarnos del yugo español.
¿Por qué no les contamos una historia más real y justa con la diversidad de nuestra sociedad? La misma que hoy no sería libre si no fuera porque Simón Bolívar acudió a la primera nación en “dar el grito” en todo el continente y le pidió ayuda para lograr esta independencia de la cual sabemos tan poco.
Contémosles a nuestros niños que fue Haití el país que ayudó a Bolívar con recursos, armas y barcos después de haber osado vencer al ejército de Napoleón Bonaparte y de arrancarle el blanco a la bandera francesa para declararse libres y apoyar otras independencias a cambio de la abolición de la esclavización
¿Acaso no es esa la verdadera causa de la independencia de Colombia; mucho más que las Reformas Borbónicas, la Revolución Industrial, la Independencia de Estados Unidos o la Revolución Francesa?
Pero el interés de las epistemologías eurocentradas en invisibilizar los aportes de la población afro a la historia contemporánea y la construcción de las naciones es tal, que poco se habla de que, efectivamente, el coronel Alexandre Pétion, líder de la revolución haitiana, aceptó ayudar a Bolívar y le aconsejó que reclutara los cimarrones, a los esclavizados, a los indígenas y los campesinos, y solo le pidió, a cambio, abolir la esclavización una vez consiguiera la independencia.
El Libertador recibió la ayuda prometida y conformó el ejército de los pardos que llegó a representar el 30 % del ejército independentista. Incluso, reclutó a muchos de manera forzada para usarlos, posteriormente, como carne de cañón en las primeras filas de la batalla, únicamente por el color de su piel.
Con ayuda de los africanos esclavizados y sus descendientes en la Nueva Granada, Bolívar logró la independencia y se convirtió en presidente, pero jamás cumplió su promesa. Bolívar murió sin abolir la esclavización.
Mis ancestros lucharon por la libertad de este país, pero siguieron siendo personas esclavizadas antes y después del 20 de julio de 1810. También lo fueron después del 7 de agosto de 1819, y lo siguen siendo para unos libros de historia que ni siquiera narran el momento en que finalmente se promulgó la abolición legal de la esclavización el 21 de mayo de 1851. Bolívar traicionó a la gente negra de este país. Escriban también esa parte, por favor.