Publicidad

De roja a verde, nueva luz para la izquierda

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Eduardo Barajas Sandoval
13 de junio de 2009 - 01:28 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Daniel el Rojo, líder legendario de Mayo 68, encabezó ahora una lista verde que igualó en número de representantes ante el Parlamento Europeo al Partido Socialista Francés y se perfila como una fuerza política transnacional que puede cambiar el destino de los partidos tradicionales de la derecha y de la izquierda.

En sus apariciones públicas de hace cuarenta años Daniel Cohn-Bendit fue visto como militante y agitador de los episodios que conmovieron al mundo cuando los muchachos de Francia, lo mismo que los de otros países democráticos pero cansados de coyunturas de la época, se lanzaron a la calle a reclamar mayor imaginación y a proponer nuevas fronteras para la política y la sociedad.

Tanto francés como alemán, Cohn-Bendit jamás ha abandonado la lucha política, al punto de haber sido durante varios períodos eurodiputado en su condición de alemán. Ahora, para igualar, concurrirá al Parlamento de Estrasburgo como francés.

La propuesta que le llevó a igualar en representación a los socialistas tiene como centro una visión ecológica de la vida y un ejercicio de la ciudadanía que apela a valores de reconciliación con la naturaleza y preservación del ambiente en las más variadas dimensiones. Es decir que considera inocuas las viejas disputas dentro del marco estricto del modelo capitalista, para buscar otros elementos de importancia para la prosperidad y la felicidad humanas.

No sobra recordar que Daniel al menos se tomó el trabajo de escribir un libro “Que faire?”, en el que plasmó su pensamiento con miras a la campaña. Algo así como el polo opuesto de quienes en democracias de farándula primero se lanzan como candidatos y luego se ponen a buscar qué es lo que piensan, mientras se venden con ayuda de los publicistas y de los medios como un producto más de la canasta familiar.

No cabe duda de que el éxito de Cohn-Bendit trae consigo la obligación de profundas reflexiones sobre el futuro de los partidos políticos. Los primeros afectados son los socialistas franceses, que si bien andan en proceso de recomposición bajo un nuevo liderazgo, no tienen excusa por haber fracasado en su intento por demeritar a Nicolás Sarkozy, en lugar de proponer acciones atractivas en la perspectiva de la construcción europea. Los votantes verdes provienen en su mayoría del campo socialista y han visto en la nueva formación una esperanza y una visión diferentes del discurso que les llevó al poder hace casi treinta años.

La derecha, por su parte, en medio de su triunfalismo, tampoco puede dormir tranquila. El hecho de que en casi todos los países haya sido individualmente la formación política más votada no oculta una realidad mucho más importante y es que las agrupaciones que se oponen al credo conservador lo superan, sumadas, ampliamente. En conclusión, todos los partidos son mortales y nadie escapa a esa ley no escrita de la vida política.

Las sugerencias de Cohn Bendit, que vale la pena repasar y poner en el contexto del futuro, obligan a todos, tanto en Europa como en los países que figuran en el circuito de las democracias occidentales, o que aspiran a hacerlo, a pensar cuáles serán sus propuestas para ciudadanos que hace rato detestan a los políticos profesionales porque son unos ineptos para renovarse y terminan por hacer siempre lo mismo, en torno a sí mismos y a sus colegas, lejos de una sociedad a la que cada rato apenas le piden el voto.

Tal vez tengamos que prepararnos para la aparición de fuerzas políticas que trasciendan las fronteras nacionales y obren a favor de los ciudadanos del mundo que cada día tienen tantas cosas en común. Y sobre todo para que el ejercicio de la política retorne a los pensadores, como debe ser, en lugar de seguir en manos de agentes capaces de ganar elecciones, pero incapaces de hacer feliz a la gente.

Cohn-Bendit ha dicho que no le interesa ser presidente. Qué refresco, por ahora, porque al menos en su ánimo inmediato demuestra que para influir en el destino de los pueblos no necesariamente hay que estar sentado echando decretos. Por eso, además, tendrá la garantía de seguir proponiendo cosas que no dependan de su éxito personal. Tal vez hasta que caiga en la tentación.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.