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Los bon-bril

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Eduardo Lora
05 de febrero de 2024 - 02:05 a. m.
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Algunos hijos duran y duran en la casa de sus padres. Por eso los llaman bon-bril, como las esponjillas. A los 16 años, 80 % de los colombianos viven con sus padres, lo que no es sorprendente pues todavía esa es edad escolar. Pero 10 años más tarde, cuando la gran mayoría ya no está estudiando, sino trabajando o buscando empleo, todavía 37 % de los colombianos viven con sus padres. Esta es una “tasa bon-bril” bastante alta para la edad de 26 años. Por ejemplo, en Inglaterra y Gales es apenas 26 % y eso que ha aumentado recientemente.

¿Quiénes y hasta cuándo se quedan? Uno de cada siete colombianos entre las edades de 30 y 49 años vive actualmente con sus padres. Por fortuna para los padres, la tasa bon-bril baja con los años de los hijos: es 25 % cuando tienen 30 años, 13 % cuando llegan a los 40 años y 7 % a los 49 años. Los hombres resultan más apegados al nido paterno que las mujeres, que suelen irse a edades más tempranas porque se van a vivir con sus parejas y porque no quieren quedarse haciendo oficios domésticos (cosa que no afecta a los hijos hombres, a quienes en general se les exige poco si se quedan en casa). Sorprendentemente, en el grupo de edad de 30 a 49 años la tasa bon-bril es mucho mayor entre quienes tienen estudios universitarios que entre quienes apenas tienen secundaria: 19 % y 12 %, respectivamente. (Entre quienes tienen estudios posuniversitarios, que no están incluidos en estos grupos, la tasa bon-bril es “tan solo” 11 %).

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Es inquietante que muchos adultos que han tenido la fortuna de pasar por la universidad no se independicen rápidamente de sus padres. ¿Cómo se explica eso? Los excelentes datos de las encuestas de hogares del DANE tienen información para poner a prueba algunas hipótesis.

Una es que quedarse o irse es una decisión basada en consideraciones económicas. Los datos le dan razón a esta conjetura: entre quienes tienen estudios universitarios y entre 30 y 49 años, tienden a formar su propio hogar los que tienen la posibilidad de conseguir un ingreso relativamente alto en relación con lo que tendrían que pagar de arriendo. Aquí intervienen varias cosas. Por un lado, en la medida en que sea más alta la tasa de desempleo (en la ciudad) de ese grupo de edad, será menos factible que puedan generar los ingresos que necesitan y, por lo tanto, más probable que se queden en la casa de sus padres. Por otro lado, incide mucho qué tan altos pueden ser los ingresos laborales en relación con el arriendo que posiblemente tendrían que pagar, dados los estándares sociales en la ciudad. De lejos, esta es la variable más importante. Por ejemplo, en Neiva el ingreso laboral (de quienes tienen universidad y entre 30 y 49 años) como proporción del arriendo que tendrían que pagar es, típicamente, más o menos el doble que en Medellín. Como resultado, en Neiva la tasa bon-bril de estas personas es 15 %, mientras que en Medellín es 20 %. También importa qué tan variada es la oferta de vivienda para ese segmento de población. En Bogotá hay muchas más opciones de encontrar vivienda para distintos presupuestos y gustos que en Neiva, lo cual permite que la tasa bon-bril de Bogotá sea muy parecida a la de Neiva, a pesar del mayor costo relativo de la vivienda.

Por supuesto, no solo las consideraciones económicas cuentan a la hora de tomar la decisión de irse o quedarse a vivir con los padres. Es muy factible que los hogares que tienen más ingresos per cápita permitan que los hijos se queden en casa por más tiempo. Es posible también que la edad y el estado de salud de los padres incidan mucho en la decisión, lo mismo que si cuentan con otras personas que los puedan cuidar de ser necesario. Pero estas hipótesis no se pueden poner a prueba fácilmente porque las encuestas de hogares solo permiten saber cómo son los hogares de los bon-bril, pero no cómo son los hogares de los padres de quienes no son bon-bril, pues se han ido a formar otro hogar.

¿Qué lecciones pueden sacar de todo esto los nuevos alcaldes? El hecho de que los hijos se queden con sus papás no es bueno ni malo en sí mismo y por lo tanto no tiene por qué ser una preocupación de los alcaldes. Pero las altas tasas bon-bril de algunas ciudades —Pasto, Manizales, Medellín, Popayán— pueden ser indicio de baja calidad o falta de relevancia de la educación universitaria, de falta de desarrollo productivo (respecto a sus recursos humanos) o de falta de oferta de vivienda.

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David(0vhxw)05 de febrero de 2024 - 03:22 p. m.
Atenas llora porque de seguro no le dieron teta.
Atenas(06773)05 de febrero de 2024 - 02:56 p. m.
Interesante columna q’ resarce al medio y más encumbra la trayectoria del columnista. Excelente asunto el destete de la progenie, lo q’ de alguna manera era previsible dado el despelote del país y más desde q’ está en manos de este chafarote o gorila q’ montó este circo malo.A este respecto, es el sofista Petro clásico ejemplo del q’ vive x cuenta de otra teta, la del Estado, q’ él en esas se la pasado; pero ahora tras de una desgracia mayor: q’ está empeñado en acabar con la teta misma.Atenas.
Daniel(rvd59)05 de febrero de 2024 - 01:20 p. m.
Habría sido mejor analizar el impacto que tienen los hijos bon-bril en las condiciones económicas de los hogares colombianos. La contribución o el repartirse las cargas entre quienes laboran dentro del mismo hogar, mejora la calidad de vida y el sustento de muchas familias.
MARIA(30795)05 de febrero de 2024 - 01:03 p. m.
Buen artículo. Me pregunto si no tendrá injerencia, también, la prevalencia de ideas conservadoras en ciertas ciudades.
Alejandro(18261)05 de febrero de 2024 - 11:26 a. m.
Y nuestros padres de la patria serían bon-bril ? Duran y duran roban y roban
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