En un gobierno que está comprometido con el cambio social es un gran vacío no tener una brújula bien calibrada de la pobreza
El viernes salieron, finalmente, las cifras de pobreza y desigualdad para 2022, con varios meses de retraso. Como había explicado el Comité de Expertos en Pobreza, la demora no se debía a confusiones metodológicas, como yo pensaba erróneamente (El Espectador, septiembre 3), sino a las dificultades técnicas para empalmar las cifras viejas de pobreza con las que ahora se producen utilizando la nueva metodología de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH). En su presentación del viernes, la directora del DANE, Piedad Urdinola, explicó en detalle (quizás excesivo) el trabajo que fue preciso hacer: un esfuerzo sin duda encomiable.
¿Por qué importa esto? Sencillamente, porque no se pueden comparar directamente las cifras viejas de pobreza con las nuevas. En 2021, según la metodología vieja, la pobreza por ingresos afectó al 39,3 % de los colombianos. Pero según la nueva metodología, afectó al 39,7 %. Esta es la cifra con la que hay que comparar la tasa de pobreza de 2022 que, según acaba de informar el DANE, fue 36,6 %. Según el DANE, en 2022 salieron de la pobreza más de 1,3 millones de colombianos.
Debido a la nueva metodología, también cambiaron las cifras de desigualdad de 2021: el Gini de la concentración de los ingresos (la medida más usual de desigualdad, que va de 0 a 1) con la nueva metodología en 2021 fue 0,563 (en vez de 0,523). Puesto que el Gini en 2022 fue 0,556, hubo una pequeñísima reducción en la concentración del ingreso, no un aumento.
Aclarado este asunto, queda de todas formas una crítica metodológica de gran importancia. No es cierto que en el año 2022, 36,6 % de los colombianos hayan vivido en condiciones de pobreza monetaria, porque los ingresos que reporta la GEIH son en el mes que se encuesta a los hogares, no en el año completo. Esta interpretación solo sería cierta si no hubiera ningún cambio en los ingresos de cada familia de un mes a otro, lo que por supuesto no tiene sentido, porque mucha gente de pocos recursos tiene empleos e ingresos muy inestables.
¿Podría decirse entonces que 36,6 % es el porcentaje de colombianos que en un mes “promedio” del año padecieron pobreza? Tampoco, porque eso solo sería cierto si la “línea de pobreza” hubiera sido la misma todos los meses del año, lo que tampoco tiene el menor sentido. El DANE calcula que la línea de pobreza mensual en 2022 fue $396.864 por persona, cantidad de dinero con la que podría comprarse una canasta básica de consumo. De esa suma, $198.698 se destinarían a alimentos. Pero resulta que a lo largo del 2022 los precios de la canasta de consumo aumentaron 13,1 %, y los de los alimentos 27,8 %. Por consiguiente, la línea de pobreza de enero debería ser muy distinta de la de diciembre.
Así pues, a pesar de los ingentes esfuerzos metodológicos que ha hecho el DANE, no está claro qué es lo que está midiendo la tasa de pobreza. En un gobierno que está comprometido con el cambio social es un gran vacío no tener una brújula bien calibrada de la pobreza. Las implicaciones pueden ser sustanciales. Según los cálculos que hicimos en Fedesarrollo con Miguel Benítez, y que fueron publicados recientemente por una revista académica internacional, los errores de clasificación en año 2019 son muy grandes. Aproximadamente el 4,3 % de la población (2,2 millones de personas) son clasificadas como pobres a pesar de no serlo anualmente (falsos positivos) mientras que aproximadamente el 1,5 % de la población (0,8 millones de personas) se clasifican como no pobres a pesar de ser pobres anualmente (falsos negativos). Los dos tipos de errores combinados implican que una de cada 5,6 personas está mal clasificada en su condición de pobreza en el año. Estos errores se trasladan a cualquier cálculo de transferencias para los pobres.
Sin duda, debido a mayor inflación, los errores de clasificación en 2022 deben ser mucho más grandes que los de 2019. Si el DANE ha hecho semejante esfuerzo metodológico para poder empalmar las tasas de pobreza en 2021 (encontrando una diferencia de 0,4 % entre el cálculo viejo y el nuevo), ¿no valdría la pena que reconsidere los métodos de cálculo para producir líneas mensuales de pobreza que al menos le permitan calcular bien la tasa de pobreza mensual promedio e, idealmente, la tasa de pobreza anual, que puede ser muy diferente?