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Talento sénior desperdiciado

Eduardo Lora

29 de marzo de 2026 - 12:06 a. m.
“Colombia está envejeciendo muy rápido, pero hay un gran desperdicio del talento sénior”: Eduardo Lora.
Foto: Pexels
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Colombia está envejeciendo muy rápido, pero hay un gran desperdicio del talento sénior. Las empresas grandes son las llamadas a corregir esta situación. Si lo hacen, será más fácil luchar contra la informalidad y contra las bajas remuneraciones laborales de la mayoría de los trabajadores colombianos. Para entender la gravedad del problema hay que analizar cada pieza de este párrafo.

¿Qué tan rápido está envejeciendo el país? Mucho más rápido de lo que envejecieron los países europeos: la proporción de colombianos de 65 años y más pasará del 8 % en 2018 al 16 % en 2037, es decir, se duplicará en apenas 19 años. Esa misma transición tardó 56 años en Europa, lo que significa que Colombia está envejeciéndose tres veces más rápido que Europa.

La mayoría de colombianos trabaja más allá de las edades de jubilación, que son 57 años para las mujeres y 62 para los hombres. Si no trabajaran, muchos no podrían sobrevivir. Entonces, ¿en dónde está el desperdicio del talento sénior? Está en que apenas uno de cada cuatro séniors (50+) trabaja en empresas medianamente productivas pues los demás trabajan solos o en pequeños negocios de muy baja productividad.

¿Por qué son las grandes empresas las llamadas a corregir esta situación? Dos terceras partes de los buenos empleos los generan las empresas de 100 o más trabajadores (que en Colombia consideramos “grandes”, aunque muchas son minúsculas para los estándares internacionales). Sin embargo, la composición del empleo en las empresas grandes está sesgada en contra de los séniors: tendrían que contratar 60 % más personas de 50 o más años para corregir ese sesgo. Sobre todo, tendrían que concentrarse en quienes ya tienen la edad de pensión pero no han llegado a los 75 años: en este grupo tendrían que contratar 120 % más personas. Si corrigieran estos sesgos, la composición del empleo que generan las empresas grandes sería semejante a la composición de todo el empleo.

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Esto ayudaría mucho a reducir la informalidad, puesto que, a falta de buenos empleos para ellos, los séniors se refugian en el autoempleo o en pequeños negocios informales. Las empresas formales prefieren renovar continuamente sus cuadros de personal, contratando jóvenes para reemplazar a los trabajadores de más edad que se van por voluntad propia o porque no les extienden más sus contratos.

Este patrón de continuo rejuvenecimiento del empleo formal produce dos resultados catastróficos. En primer lugar, recrudece la informalidad desde edades muy tempranas: hacia los 27 años es cuando los colombianos tienen mejores posibilidades de tener un empleo formal, pues de ahí para adelante esas posibilidades van en descenso.

En segundo lugar, aborta el proceso de aumento de salarios con la experiencia que, de ocurrir normalmente, hace que los salarios aumenten gradualmente con la edad hasta unos pocos años antes de la jubilación. Esto sólo ocurre en Colombia entre los pocos afortunados que mantienen un empleo en empresas formales hasta ese momento, pero no entre los demás trabajadores. Para el promedio de todos los trabajadores colombianos, el pico de la remuneración se da a los 40 años (2,4 millones de pesos mensuales en 2025). A partir de ahí la remuneración promedio se desploma (1,9 millones a los 55 años; 1,6 millones a los 65; un millón a los 75).

No se sabe con certeza qué lleva a las empresas grandes al sesgo anti-sénior. Quizás influye el llamado fuero pre-pensional, que impide despedir a los empleados que estén a menos de tres años de pensionarse, lo que puede inducir a las empresas a desvincularlos antes de ese momento. También puede influir que, en muchas empresas, los ajustes salariales y algunas promociones se basan en la antigüedad, lo que agrava el problema de los sobrecostos laborales por contribuciones y otras arandelas.

Pero es muy posible que la razón de fondo sea el “edadismo”, ese conjunto de prejuicios culturales sobre las capacidades de adaptación y aprendizaje de los mayores, y sobre su falta de familiaridad con el internet y los medios de comunicación e información modernos. La Andi está recogiendo los resultados de encuestas a empresas para tratar de entender mejor todos estos asuntos.

El desperdicio de talento sénior es un reto fenomenal, sobre todo porque el problema ha pasado inadvertido. Cuando lo entendamos mejor nos daremos cuenta de que es una gran oportunidad para las grandes empresas y para el país.

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Nota. Esta columna es un resumen de la charla del 20 de marzo de 2026 que dimos Mauricio Reina y yo en el grupo de Políticas Públicas que lidera Armando Montenegro, la cual puede verse en YouTube.

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