10 Oct 2021 - 2:00 a. m.

Alza de las tasas de interés

El Gobierno configuró un déficit fiscal de 9% del PIB por la pandemia y por los muchos otros aspectos que vienen de atrás. El defecto ha tratado de resolverse por diversos medios. Primero, acudió a una reforma tributaria que generó una severa protesta que provocó el retiro del proyecto radicado en el Congreso, y del ministro de Hacienda Carrasquilla. Luego, el ministro Restrepo trató de aminorar el conflicto político con otra reforma tributaria que aumenta los ingresos a cambio de mayores gastos y no afecta mayormente el déficit fiscal. El Gobierno terminó con un cuantioso faltante que viola la regla fiscal con la anuencia del comité consultivo. Ahora, se vino a ver qué el déficit no es compatible con el buen funcionamiento de la economía y se pretende contrarrestarlo con la elevación de las tasas de interés que acentúa el deterioro de la distribución del ingreso.

Lo cierto es que el déficit fiscal ocasionó un estado de demanda superior la oferta que no afecta la producción y el empleo, y en su lugar, genera serías presiones sobre los precios, los salarios y la balanza de pagos. En términos más visibles, se configuró la típica economía de oferta que, como se mostró en la última columna, rememora la década de 1970, cuando el país experimentó la mayor inflación del siglo. En el desespero la junta del Banco de la República procedió a elevar las tasas de interés, lo que agrava el retraso de la distribución del ingreso.

Es claro que la solución era reducir el déficit fiscal. En lugar de que la junta le solicitará al Gobierno la reducción del déficit fiscal, procedió por su cuenta a elevar la tasa de interés. En su lugar, anunció un alza de la tasa de referencia de 1,75 a 2% y anticipó que la dosis se repetirá en los próximos meses. Se ha regresado a las épocas en que la inflación se buscaba frenar con alzas de tasas de interés que resquebrajan la distribución del ingreso. Paradójicamente, el ministro de Hacienda que desbordo el déficit fiscal es el mismo que ahora, como miembro de la junta del Banco de la República, propicia elevar la tasa de interés para contrarrestarlo.

El elevado déficit fiscal y la baja tasa de ahorro configuraron una economía de oferta que no sigue las visiones convencionales. No se cumple la ley de Say y Walras. Las demandas no igualan a las ofertas en todos los mercados y la suma de las demandas es mayor que la suma de las ofertas. La economía está expuesta a alzas de precios y estímulos y señales de mercado que inducen a resolver las deficiencias de la producción con bajas de salarios o alzas de las tasas de interés que deterioran la distribución del ingreso. La solución es inequitativa. La mejor opción, y la más sostenible, se encuentra en un punto medio en el cual se avanza tanto en la equidad como en la eficiencia.

En cierta manera, se confirma que la concepción de libre mercado de la política monetaria no es sostenible con un cuantioso déficit fiscal. El sistema queda abocado a la elevación de la tasa de interés, entrada de importaciones y baja del salario que deterioran la distribución del ingreso La solución no es otra que reducir el déficit fiscal para salir de la economía de oferta. Una vez en la economía de demanda es posible avanzar en un modelo que eleve el ahorro y sostenga el salario por encima de la productividad del trabajo mediante reformas comerciales y sectoriales, monetarias, transferencias fiscales y reducción del atraso salarial. Se volvería al redil de las economías de demanda que predominó entre 1950-1970 en que el ahorro sube, el producto nacional crece por encima de la tendencia histórica y la distribución medida por el coeficiente de GINI mejora rápidamente.

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