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Desde hace mucho tiempo sostengo que estamos en una economía en desequilibrio, ahorro menor que la inversión, oferta agregada menor que la demanda agregada y una tasa de ahorro a la mitad de la tendencia histórica, y se pretende racionalizar con un modelo de equilibrio, como es subir la tasa de interés, revaluar la moneda y bajar la tasa de ahorro. La economía entra en un estado de declive de la producción que reduce la tasa de ahorro y se refuerzan. Ahora se agrega la caída del empleo que aparecía como el principal soporte de la economía.
Como lo dije hace dos años, y lo he sostenido repetidamente, estamos ante un severo desequilibrio ocasionado por la deficiencia de ahorro que viene de 30 años atrás, que solo puede remediarse con un modelo de desequilibrio, como es bajar la tasa de interés, y especialmente la conformación de un exceso de demanda sobre la oferta de dinero.
Estamos ante una clara digresión con la política y autonomía del Banco de la República, que proclama que la normalización de la economía se logra mediante la elevación de la tasa de interés. Se configuró una clara situación en que las políticas de alza de tasa de interés y tipo de cambio flexible conducen a un estado de difícil retorno, como lo señalé reiteradamente durante dos años.
En fin, cuáles serían las características del modelo de desequilibrio que recupera el crecimiento y, en el mediano plazo, lo concilia con la distribución del ingreso.
Las soluciones de mercado, como elevar la tasa de interés y revaluar el tipo de cambio, reducen la tasa de ahorro. Hay que bajar la tasa de interés de una vez por todas y devaluar la moneda de forma directa. En la modalidad de tasas de cambio fija se puede hacer por decreto. Bajo la modalidad de tasas flexibles no hay más opción que aumentar la demanda de dinero por encima de la oferta de dinero bajando la tasa de interés.
El Gobierno está comprometido en ampliar el ahorro, la producción y el empleo con un modelo de mercado que eleva la tasa de interés y revalúa la moneda. Los resultados son distintos a los previstos. La tasa de cambio se revalúa, la tasa de ahorro declina y la producción se estanca. Lo propio se observa en las cifras laborales divulgadas por el DANE para septiembre. El crecimiento del empleo declina rápidamente en los últimos meses. La población ocupada descendió en agosto y septiembre. La caída del ahorro tenía que manifestarse en algún momento en la ocupación del trabajo.
En fin, el país viene de tiempo atrás, más de dos años, con una tasa declinante de ahorro. La solución no puede ser distinta a un modelo de desequilibrio que baje la tasa de interés y devalúe el tipo de cambio. La tarea no la puede hacer el mercado. Se requiere un tipo de cambio fijo dictado por el Banco de la República o, en su lugar, una política monetaria de demanda de dinero mayor que la oferta.
El Banco de la República solo puede realizar la tarea con un modelo de desequilibrio que baje la tasa de interés y devalúe la moneda en forma directa, mediante la adopción de un sistema de cambio dictado y administrado por el Banco de la República o por una operación monetaria que aumente la demanda del dinero por encima de la oferta.
