Publicidad

Contagio y vacuna contra el COVID-19

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Eduardo Sarmiento
04 de abril de 2021 - 05:01 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Cuando se inició la pandemia, en varios artículos señalé que al igual de los virus del siglo XX, estaba representada por una curva que llegaba a un pico y luego descendía. En términos más técnicos, el número de contagios estaba representada por una curva exponencial en que el nivel de contaminación aumenta y la tasa de contaminación disminuye. Se trata de una enfermedad contagiosa que se dispara al principio, luego se debilita y desaparece. Por fortuna, no tiene la fuerza para sostenerse.

La evidencia colombiana, y en general del mundo, muestra que el proceso es irregular. Si bien el nivel del contagio aumenta en un principio y en algún momento desciende, se da en forma oscilante e irregular. En la actualidad se ve agravado por la aparición de cepas cada vez más infecciosas de origen desconocido.

El sistema opera adecuadamente cuando el nivel y la tasa de contaminación evolucionan en dirección opuesta. Esto ocurre cuando se logra reducir la tasa de contaminación por procedimientos de distinta naturaleza. Las dos variables evolucionan en dirección opuesta y validan la curva de contaminación, el nivel de contaminación sube a un ritmo cada vez menor, alcanza el pico máximo y, posteriormente, el sistema decae hasta desaparecer.

Las cosas no ocurrieron de esta manera porque las autoridades sanitarias, mediante procedimientos de distanciamiento colectivo, bajan en forma directa el nivel de contaminación. Las dos variables se mueven en la misma dirección. La baja del nivel de contaminación reduce la tasa de contaminación y esta aumenta la tasa de contaminación futura. Por lo demás, el proceso no es sostenible por los efectos psicológicos, políticos y económicos del distanciamiento que van en contra de la naturaleza humana; las autoridades sanitarias están expuestas a fuertes presiones para levantar los confinamientos. Se entra en un proceso de alza y baja del nivel de contaminación.

El proceso de la pandemia, que se presenta en múltiples fenómenos de física, ingeniería y economía, es determinado por una expresión matemática, que no se ha entendido adecuadamente y debe ser controlado por la tasa de contaminación. Es el mismo caso de los cuerpos móviles, como el automóvil, que se controlan por la velocidad y no por la distancia o el tiempo de recorrido. En abierta contradicción científica, el nivel de contaminación no se regula con la tasa de contaminación, sino con el distanciamiento colectivo. Los esfuerzos se orientan a bajar el nivel de contaminación mediante las cuarentenas y los protocolos improvisados. La tasa de contaminación baja en un momento a cambio de elevarse más adelante. Se entra en un proceso anárquico que no tiene cómo terminar.

La verdad es que el aplanamiento de la curva para reducir la ocupación de los hospitales y mejorar los resultados estadísticos alargó la enfermedad, distanció el pico y elevó excesivamente el distanciamiento colectivo que no es sostenible por las secuelas psicológicas y económicas.

La cadena de equivocaciones solo podrá detenerse cuando se reconozca que la tasa de contaminación es el único medio efectivo de control, como ocurre en la mayoría de procesos dinámicos de la naturaleza. La dificultad está en que no hay muchos procedimientos científicos para hacerlo. Una forma es la separación selectiva de los pacientes contaminados por procedimientos hospitalarios, como lo han realizado con gran audacia los países asiáticos. La otra forma es la vacunación que baja de un tajo la tasa de contaminación y puede aplicarse a la mayoría de la población en menos de un año.

Conoce más

 

Contumaz(likt7)04 de abril de 2021 - 07:04 p. m.
Ni separación selectiva a lo asiático ni vacunación porque es Colombia y al ritmo del coco nuestra se necesitan ocho años... luego, sin tanta palabrería y cálculos ingenieriles lo que usted sugiere es un natural efecto rebaño y así obtiene una depurada y ortodoxa campana de Gauss.
javier(96673)04 de abril de 2021 - 06:22 p. m.
La posibilidad de que se reserve el grueso de la vacunación para manipular y chantajear a las gentes con vistas a la campaña electoral suena escalofriante. Claro que estamos en manos de una siniestra extrema derecha. Hasta el 2022, después ¡basta!
ivan(61212)04 de abril de 2021 - 05:42 p. m.
excelente columna de Eduardo sarmiento , coherente con la ciencia , nuestra clase dirigente nunca toma decisiones apegados a la ciencia . Siempre se toman decisiones apegados al interes particular ,no les interesa un comino el estrato 1,2,3.
Gloria(31573)04 de abril de 2021 - 04:04 p. m.
el clientelismo no da para esos niveles tan sofisticados de tener orientación de quienes con la experiencia, capacitación e interés en la salud pública podrían orientar la ruta de acción de los gobiernos: nacional y locales. Llegaron las vacunas pero a ritmo de tortuga porque están guardando la tanda grande para antes de las elecciones y poder votar por el que diga matarife
Gloria(31573)04 de abril de 2021 - 04:00 p. m.
Brillante y novedosa teoría dr. Sarmiento. Lo que usted propone es lo correcto, pero lamento decirle que no tenemos unos gobernantes éticos, toman decisiones politiqueras y no hacen caso de los científicos que los pueden asesorar. Asmedas y demás asociaciones médicas podrían ser la mano derecha en las políticas de contención de la pandemia, pero el clientelismo no da para esos niveles tan sofistic
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.