14 Nov 2021 - 2:00 a. m.

Desabastecimiento mundial

Las deficiencias de la economía mundial que venían de atrás y el coronavirus transformaron varias economías que operaban con economías de demanda en economías de oferta, entre las cuales se encuentran Colombia y Estados Unidos por razones distintas. En estos países las tasas de ahorro descienden, el déficit de la balanza de pagos se amplía, el empleo crece menos que la producción, el salario baja, la inflación sube y la distribución del ingreso se deteriora.

El desorden tiene su manifestación mundial en un exceso de importaciones sobre las exportaciones, que da lugar a elevaciones de los precios de los bienes importados que acentúan las presiones inflacionarias provenientes de los desbalances internos entre el ahorro y la inversión.

El desajuste es especialmente complejo en Colombia. En la angustia, sin mayor conocimiento de causa, en días pasados el Ministerio de Comercio anunció una severa reducción de los aranceles para evitar el agravamiento de la inflación. La baja de aranceles ocasiona la ampliación del déficit fiscal y el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, que alcanzan respectivamente niveles de 9 % y 6,5 % del PIB, coloca el endeudamiento por encima de los niveles aceptados de prudencia y agrava la caída del empleo de 13 % con respecto al nivel observados antes de la pandemia.

La verdad es que el modelo de economía de demanda que operó entre 1950 y 1980 se modificó en los últimos treinta años con aperturas y liberalizaciones que bajaron las tasas de ahorro, elevaron los déficits fiscales y ampliaron los déficits en cuenta corriente de la balanza de pagos.

Varias economías quedaron expuestas a severos desajustes que se manifiestan en elevación de la inflación, contracción del empleo y la producción y deterioro de la distribución del ingreso.

El desabastecimiento mundial se origina en una serie de economías que están operando en estados de deficiencias de oferta que tienden a trasladarse a la economía mundial por medio de déficits en cuenta corriente insostenibles. Como no todos los países pueden operar con déficit, se entra en un estado irregular e inestable. Se replican las situaciones observadas después de la segunda guerra mundial, cuando los países pretendían déficits en cuenta corriente que no eran realizables y se normalizaron con el acuerdo de Bretton Woods.

Es claro que el desabastecimiento mundial no se puede resolver con desmontes arancelarios que aumentan el déficit en cuenta corriente y amplían el exceso de demanda sobre la oferta de las economías, reducen los ingresos laborales con respecto al producto nacional y deterioran la distribución del ingreso.

Las soluciones viables y equitativas solo se consiguen con reformas estructurales que saquen las economías de los estados de estancamiento de oferta, que es la verdadera causa económica del desempleo, la inflación y el deterioro de la distribución del ingreso. El mal funcionamiento de las economías que entran en estados de deficiencias de oferta de ninguna manera se remedia con disposiciones que aumentan el déficit en cuenta corriente y el déficit fiscal.

Buena parte de la responsabilidad de la crisis recae en los bancos centrales que no lograron cerrar los desbalances internos y externos con la coordinación de las políticas fiscales y monetarias, y ahora pretenden hacerlo con medidas de mercado que bajan el salario, suben las tasas de interés y propician la entrada masiva de importaciones. Por eso, la solución de fondo es el modelo de reformas a la coordinación monetaria y fiscal, la estructura de comercio internacional y las transferencias de las rentas sociales, que eleve el ahorro, sostenga el salario por encima de la productividad y reduzca los déficits fiscal y en cuenta corriente.

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