Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Las fallas actuales del sistema económico mundial y nacional obedecen, en buena medida, al modelo de equilibrio de mercado. La deficiencia del modelo, acumulada en 30 años de profundizaciones de libre mercado, se acentuó con el coronavirus y los desaciertos para enfrentarlo. La economía colombiana viene de tiempo atrás con una reducción del ahorro, el crecimiento, el empleo y la balanza de pagos. El desempeño de la economía es inferior a la tendencia histórica y mucho menor que entre 1950 y 1980.
La falla de antes y de ahora está en que los gobiernos de los últimos 30 años han buscado las soluciones por la vía del mercado, que le da prioridad a la eficiencia sobre la equidad. El peso de los ajustes ha recaído en el salario, el empleo y la balanza de pagos. Por su parte, las soluciones adquieren la forma de déficit fiscal y entrada masiva de importaciones y ampliación del déficit de balanza de pagos, las cuales reducen el salario, el empleo y los ingresos del trabajo en el PIB y suben el coeficiente de Gini.
En el fondo se busca la eficiencia a cambio de la equidad. No se advierte que el crecimiento y la distribución evolucionan en forma distinta. Los procesos en que los dos propósitos van en dirección contraria no son sostenibles, porque generan condiciones inestables. La distribución del ingreso en algún momento entra en un estado de franco y creciente deterioro, que no es sostenible.
En abierta contradicción, se procedió a aumentar el déficit fiscal para ampliar la demanda, que reduce el ahorro y acentúa la deficiencia de oferta. La economía quedó expuesta a un exceso de demanda sobre la oferta que aumenta el déficit en cuenta corriente, reduce el empleo, baja el salario y eleva la inflación. Se invirtió el vínculo entre la demanda y la producción. La ampliación de la demanda no afecta proporcionalmente la producción y menos el empleo, y deteriora la distribución del ingreso.
El país está montado en un modelo que induce el crecimiento económico con el mercado y busca la distribución del ingreso con transferencias fiscales. Es el típico modelo de crecimiento declinante con respecto a la tendencia y el deterioro en la distribución del ingreso, que no es sostenible. A la larga, el bajo crecimiento deteriora la distribución del ingreso.
La explicación del estado actual está en el modelo económico que deprime la tasa de ahorro e induce la especialización en actividades de alta productividad relativa y de baja productividad absoluta y elevadas transferencias de las rentas sociales a los sectores de altos ingresos por medio de las pensiones, la salud, la infraestructura física y la educación. El desorden da lugar a una economía de oferta donde la demanda supera la oferta, el déficit en cuenta corriente se dispara, el salario se coloca por debajo de la productividad, la inflación sube, el empleo disminuye con respecto a la producción y, lo más grave, la distribución del ingreso se deteriora en todos los niveles. Los ingresos del trabajo descienden en términos del ingreso nacional y el coeficiente de Gini asciende a .55, situando al país entre los más inequitativos del mundo.
El país está montado en una reactivación en que la demanda afecta en una proporción menor a la producción y mucho menos al empleo, y deteriora la distribución del ingreso. Lo que se requiere es un modelo de reformas estructurales que eleve el ahorro y sostenga el salario por encima de la productividad, aumente la productividad y reduzca el déficit en cuenta corriente, disminuya las transferencias de las rentas sociales al capital y los sectores de altos ingresos y recorte el atraso salarial.
