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1 Aug 2022 - 5:30 a. m.

Descontrol económico

La economía mundial y la nacional evolucionaron en el siglo XX dentro de un cierto orden. La oferta agregada se mantenía al mismo ritmo de la demanda agregada. Cuando la demanda disminuía con relación a la producción, se aplicaban políticas fiscales expansivas. Cuando la producción disminuía con respecto a la demanda, se aplicaban acciones para elevar la tasa de ahorro y la producción. Así, las economías operaron dentro de estados de oferta igual a la demanda y lograron el mejor desempeño de la historia registrada.

En lo que sigue, me concentraré en el caso concreto de Colombia. El sistema dejó de funcionar en 1990-2022 con la profundización de la globalización y el predominio de los bancos centrales para bajar la inflación. Las políticas fiscales y monetarias ocasionan severas contracciones que bajaron la tasa de ahorro, y las aperturas comerciales y los TLC sacaron de cauce las importaciones y el déficit en cuenta corriente.

La economía paso a un estado de oferta menor a la demanda, que en la actualidad tiene su manifestación más clara en el déficit fiscal de 7 % del PIB, déficit en cuenta corriente de 5 % del PIB y exceso de demanda sobre la oferta de dinero de 4 % del PIB. La evidencia más contundente está en la reducción de la tasa de ahorro a la mitad de la tendencia histórica. En efecto, la producción crece 10 % por debajo de la demanda y da lugar a todo tipo de ajustes destructivos. La demanda disminuye, la producción se contrae, la inflación aumenta en forma creciente, el déficit en cuenta corriente se sale de cauce y la devaluación se acelera.

Nada nuevo. Durante dos años señalé que la economía evolucionaba dentro de una tendencia declinante de la tasa de ahorro y se dirigía hacia un estado de economía de oferta, del cual es muy difícil salir. En repetidas ocasiones recomendé acciones concretas para superar la deficiencia de ahorro, como reducir el cuantioso exceso de demanda de dinero sobre la oferta y recortar el déficit en cuenta corriente.

La economía de oferta, que no es otra cosa que la deficiencia de ahorro, constituye una severa restricción para consolidar la recuperación económica y, lo más preocupante, para avanzar en los programas sociales de la nueva administración orientados a elevar los ingresos laborales y mejorar la distribución del ingreso, como la reforma tributaria y la reforma pensional. La economía queda abocada a una contracción de la tasa de ahorro que reduce la producción, amplía la diferencia con la demanda, acelera la inflación y baja el salario.

Lo cierto es que dentro de la organización económica de mercado se presentan fuerzas que reducen la tasa de ahorro y deprimen el salario. Las dos variables se mueven en la misma dirección. La baja del ahorro reduce el crecimiento y el empleo, al tiempo que la baja del salario deteriora los ingresos laborales y la distribución del ingreso.

Como lo he señalado repetidamente, la solución es un modelo económico que eleve la tasa de ahorro y sostenga el salario al nivel de la productividad, y saque la economía del estado de oferta mediante reformas monetarias, comerciales y sectoriales. En la práctica se consigue con una política monetaria que transforme el exceso de demanda de dinero en exceso de oferta y con una política comercial y sectorial que limite las importaciones y en mayor grado las de mayor complejidad, demanda y productividad.

En las próximas columnas me referiré al caso de Estados Unidos, donde las autoridades económicas y los organismos internacionales fallaron en el diagnóstico de la inflación y el estancamiento.

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