19 Sep 2021 - 5:01 a. m.

Después de la reforma tributaria

En oportunidades anteriores señalé que las condiciones que habían ocasionado la caída de la economía colombiana en 2020 no han desaparecido, y tampoco se hacen esfuerzos para removerlos. Luego de haber operado durante un siglo con excesos de oferta sobre la demanda, la economía se encuentra en un estado de exceso de demanda sobre la producción que da lugar a toda clase de trastornos. La manifestación más clara del desorden se encuentra en el déficit fiscal que llega al 9 % del PIB, que no es sostenible en un mundo de tasas de ahorro del 18 % del PIB.

Los buenos oficios del Gobierno para reducirlo han quedado en el aire. El exministro Carrasquilla pretendió hacerlo con una reforma tributaria que baja el salario y deteriora la distribución del ingreso, que precipitó el descontento y la protesta social. Por su parte, el ministro Restrepo le dio prioridad a la obtención de recursos para adelantar programas sociales destinados a los sectores de menores ingresos. Lo cierto es que no se percibe una decisión abierta para reducir el déficit fiscal en el corto plazo. En 2022, los mayores gastos superarán los recaudos y, seguramente, ampliarán el déficit fiscal, y luego todo dependerá del modelo económico y de la política fiscal del nuevo gobierno.

Es claro que la diferencia entre la demanda y la producción se atiende con una entrada masiva de importaciones que aumenta el déficit en cuenta corriente y desplaza la mano de obra nacional. La reducción de los ingresos del trabajo se torna en el principal medio de reactivación. Persiste la estructura inequitativa que ha sustentado el crecimiento durante décadas.

En la primera reforma tributaria se buscaba aumentar el recaudo para reducir el déficit fiscal y en la segunda se ampliaron los programas sociales. Lo cierto es que el déficit fiscal aumentará en el presente y el siguiente año. En términos macroeconómicos, la economía está expuesta a un exceso de demanda que provoca toda clase de desajustes destructivos. El más visible es la entrada masiva de importaciones que configura un déficit en cuenta corriente de más del 4,5 % del PIB y, en consecuencia, desplaza masivamente el empleo. En las cifras reportadas por el DANE para julio, la producción industrial y las ventas de consumo aumentan más del 20 % con respecto al año anterior, en tanto que el empleo solo sube 4 %. La monumental diferencia proviene de las importaciones y salarios por debajo de la productividad.

La expansión de la economía se realiza por la entrada de importaciones, el desplazamiento del empleo y la colocación del salario por debajo de la productividad. Los ingresos laborales decaen con severas repercusiones sobre la distribución del ingreso.

La explicación está en el primer curso de economía. El cuantioso déficit fiscal configuró un exceso de demanda sobre la oferta que quebró el balance interno. La demanda representada en las compras del comercio y las ventas de las empresas industriales supera ampliamente la producción potencial y al empleo nacional. El mercado, a través de los estímulos y las señales, configura una estructura en que la producción es impulsada por la reducción del empleo y los salarios.

El país opera con un modelo de libre mercado que da estímulos y señales para sustituir el empleo nacional por importaciones y bajar los ingresos laborales. La solución es un modelo que eleve el ahorro y sostenga el salario por encima de la productividad mediante reformas estructurales en la composición comercial y sectorial, la orientación monetaria, las transferencias de las rentas sociales y la política de salarios y empleo. El primer paso es el recorte del déficit fiscal.

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