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6 Feb 2022 - 5:01 a. m.

El alza de la tasa de interés del Banco de la República

El Banco de la República está empeñado en corregir una deficiencia de oferta proveniente de la reducción del ahorro con una política monetaria contractiva. El expediente ocasionaría la reducción de la producción que acentúa la inflación y reduce el empleo. Se volvería a la inflación con altas tasas de interés que se presentó a finales de la década del 70, con resultados negativos para la distribución del ingreso.

La crisis mundial, y de Colombia, es el resultado de una deficiencia del ahorro que se enfrentó con una expansión de demanda proveniente de los déficits fiscales y en cuenta corriente, y luego con una contracción monetaria que no le hicieron mella. El mundo experimentó el mayor ciclo del siglo.

Infortunadamente el Gobierno y los organismos internacionales no han avanzado en un diagnóstico científico de la inflación. Están embebidos en las teorías generalistas que sostienen que la inflación proviene de la demanda y, más concretamente, de un desajuste monetario. El postulado está fundamentado en la ley de Say, que sostiene que las economías evolucionan en un sistema en que las ofertas y las demandas se igualan en todos los mercados, que es controvertido por la evidencia de dos siglos. En Colombia, al igual que en la mayoría de las economías, los sectores líderes de la industria, la agricultura y la construcción operan con demanda mayor a la oferta, y los servicios comerciales y bancarios con oferta cercana a la demanda.

La causa de la inflación es la oferta y los problemas de oferta no se resuelven con políticas generales de demanda, sino con políticas de producción que dependen de las características de los países.

Los gobiernos estuvieron comprometidos durante varias décadas con un modelo de represión monetaria y laboral para sostener el salario. La política provocó una elevación notable del coeficiente de Gini, que llegó a 0,55, el segundo más alto del mundo. El deterioro de la distribución del ingreso provocó un gran malestar social y se manifestó en protestas que condujeron al consenso tripartito de ajustar el salario por encima de la productividad, lo que cambió el panorama. La política monetaria y laboral restrictiva dejó de ser viable.

Ahora se pretende sustituir por otra política inequitativa. La elevación de las tasas de interés determinada por el Banco incrementará notablemente los ingresos del capital en el producto nacional y acrecentará el coeficiente de Gini.

No se ha querido entender que por simple funcionamiento operativo de las economías, o si se quiere por razones de la naturaleza, no es posible sostener el crecimiento con el deterioro de la distribución del ingreso, como se buscó en el pasado en América Latina y en Colombia. La consistencia de los dos propósitos solo puede lograrse con una conciliación que recupere y sostenga el ahorro.

El impasse no está tanto en la independencia como en el modelo económico. Mientras persistan las concepciones clásicas de libre mercado, en particular en materia monetaria, comercio internacional y mercado laboral, se operará con un modelo inestable que deteriora la distribución del ingreso y no es sostenible.

La solución no está en la independencia de las autoridades monetarias, que es un concepto subjetivo, sino en el modelo económico. La deficiencia de la producción que causa la inflación y el estancamiento no se supera con la contracción de la demanda y sin ninguna consideración sectorial. Solo se puede lograr con el cambio en la concepción monetaria, comercial y sectorial. El primer paso es la reformulación de la política monetaria para elevar de forma considerable el crédito privado a los sectores líderes.

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