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El fracaso cambiario

Eduardo Sarmiento

17 de octubre de 2009 - 10:00 p. m.

Los problemas se deben resolver donde se causan, la forma de contener la revaluación es adquirir divisas con emisión.

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El sistema de cambio flexible ha sido uno de los pilares centrales del Banco de la República. La modalidad, que fue concebida para un mundo de ángeles guiado por la competencia, no ha funcionado porque el mercado no es transparente y las ofertas y las demandas no se igualan.

La revaluación cambiaria viene desde hace varios meses, sin que lo advirtieran las autoridades económicas. Como de costumbre, imaginaron que las alteraciones del tipo de cambio dan lugar a fuerzas que lo retornan al equilibrio; el mercado se autorregula o lo regula la política monetaria con la tasa de interés. Tan sólo reaccionan cuando el precio del dólar se sale de madre y amenaza con devastar las exportaciones, las empresas y el empleo.

En varias oportunidades señalé que el comportamiento del dólar es determinado por la política de Estados Unidos y la modalidad de cambio flexible. La crisis mundial se manifestó en un déficit en cuenta corriente de Estados Unidos superior al superávit en cuenta corriente del resto del mundo. En este contexto, las autoridades estadounidenses están comprometidas en una cuantiosa devaluación para reactivar la producción. Para tal efecto, no han dudado en fijar la tasa de interés nominal cerca de cero y la real por debajo y emitir sin consideración para sostenerla. El mundo está expuesto a la inundación de dólares que van de un lugar a otro presionando la revaluación.

La respuesta se aparta totalmente de las concepciones de libro de texto. A diferencia de lo que sucede con los bienes de consumo, la baja del precio del dólar genera expectativas de que continuará, lo que reduce la demanda y acentúa la caída. La economía queda abocada a un proceso indefinido de revaluación que se autorrefuerza.

Lo más grave es que las políticas macroeconómicas convencionales se tornan ineficaces o inaplicables. La reducción de las tasas de interés es inocua, porque no es posible establecerlas suficientemente por debajo de la tasa de Estados Unidos para detener la entrada de capitales. La contracción del gasto fiscal es un despropósito en un momento de recesión y disparo del desempleo.

En razón de que los problemas se deben resolver donde se causan, la mejor forma de contener la abundancia de divisas es adquirirlas con recursos de emisión. En las circunstancias actuales en que el crédito se desploma, la mayor emisión volvería en la forma de TES o depósitos bancarios que no se colocan en el público. El impacto sobre la demanda no seria grande y en caso de que lo fuera, bienvenido. La gran dificultad de una economía en recesión es, precisamente, orientar la liquidez hacia los sectores que están dispuestos a recibirla y, desde luego, uno de ellos son las exportaciones. La intervención en el mercado cambiario es uno de los pocos medios que permiten detener la recesión y evitar la revaluación.

La propuesta se puede implementar por la vía de la emergencia económica o de la intervención masiva. La primera opción es perfectamente viable en virtud del artículo 150 de la Constitución, que le otorga claras funciones del Congreso para regular el comercio exterior y señalar el régimen de cambio internacional. Así las cosas, el Gobierno está en condiciones de establecer el régimen de cambio fijo ajustable por decreto de emergencia económica, en el entendido que posteriormente seria debatido y ratificado por una ley del Congreso.

Por su parte, la intervención temporal del Banco de la República en el pasado se vio debilitada por las indecisiones de las autoridades y por los especuladores que compran divisas cuando interviene el Emisor y venden en el caso contrario. Ambos escollos se removerían al anunciar por anticipado los precios de adquisición del dólar.

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Desde la creación del banco central autónomo para bajar la inflación, el tipo de cambio flexible ha sido un factor de inestabilidad, freno al crecimiento y agravamiento del desempleo. La prueba ácido del fracaso se da en la actualidad, cuando en plena recesión resulta en una revaluación indefinida que tiende a acentuarla. Los hechos se han encargado de demostrar que el sistema es incoherente y contrario al interés público. El remedio es una nueva modalidad cambiaria que puede materializarse en forma permanente con un decreto de emergencia económica o en forma temporal con la intervención masiva del Banco de la República para adquirir divisas a una cotización anunciada.

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