En la última columna reiteré que se tiene una economía de oferta que se pretende regular con el instrumental keynesiano de demanda. La solución es un modelo de economía positiva basado en la observación de los hechos, como es la intervención en el mercado financiero o monetario para devaluar la moneda en forma drástica, elevar la tasa de ahorro, y reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente. Es lo que hicieron los Tigres Asiáticos durante 40 años. Lo que se tiene es un modelo que baja el ahorro y amplía el déficit en cuenta corriente.
En fin, se confirma que las soluciones que suben la tasa de interés, revalúan la moneda y bajan el ahorro son ineficientes, inequitativas e insostenibles.
En las concepciones clásicas se considera que el ahorro y la inversión tienden a igualarse por conducto del mercado. No es cierto. El ahorro tiende a ser inferior que la inversión y solo puede igualarse con la intervención estatal por conducto de la política comercial y fiscal. El mercado conduce a un estado de ahorro menor que la inversión. La igualdad solo puede alcanzarse mediante la intervención del Estado.
Se hace lo contrario a lo que hicieron los Tigres Asiáticos durante 40 años, se revaluó la moneda 30 %, se bajó la tasa de ahorro a la mitad de la tendencia histórica y se amplió la suma del déficit fiscal y en cuenta corriente a 11 % del PIB, el más alto del mundo.
Se tiene un estado de ahorro menor que la inversión, oferta menor que la demanda, que contradice el primer curso de economía (la demanda no crea su propia oferta).
La solución es un modelo de economía positiva basado en la observación de los hechos, como es intervenir en el mercado financiero y cambiario para devaluar la moneda en forma drástica y elevar la tasa de ahorro, y reducir el déficit fiscal y en cuenta corriente.
En su lugar, el Gobierno propone una reforma tributaría basada en el impuesto al capital de Piketty y Solow que provocaría una severa contracción del ahorro, el empleo formal y la producción. Con el impuesto al patrimonio de las empresas, se configuraría un estado perverso de caída del crecimiento económico y el ahorro que se refuerzan y conducen al colapso, como ocurrió con la pandemia.
La solución es el modelo de economía positiva que devalúe la moneda, aumente el ahorro, y reduzca el déficit fiscal y en cuenta corriente.