La economía enfrenta un severo desajuste de tiempo atrás que la ha dejado en un estado de producción inferior a la demanda. La solución solo es posible mediante determinaciones basadas en las realidades propias del país.
En la práctica, las soluciones provienen de las teorías monetaristas del Fondo Monetario Internacional (FMI), que tienen un alto componente normativo. Las prescripciones y formulaciones giran en torno al modelo tradicional convencional de alza de la tasa de interés, represión monetaria, tasas de cambio flexibles y ampliación del endeudamiento externo.
La crisis actual se genera, en buena medida, por la recomendación del FMI de ampliar el déficit en cuenta corriente para enfrentar la pandemia. En esencia, sugería enfrentar la crisis del coronavirus y las manifestaciones con mayor déficit en cuenta corriente y endeudamiento externo, que a la postre contraen el ahorro. Luego, el FMI indujo a los países a enfrentar la caída del ahorro y el ingreso nacional con acciones como el alza de la tasa de interés y el mantenimiento del déficit en cuenta corriente, que la agravaron.
Muchos de los fenómenos económicos que se presentan en Colombia tienden a generalizarse en el mundo. Varios países están abocados a caídas de la tasa de ahorro y a la ampliación del déficit en cuenta corriente, y las grandes instituciones bancarias enfrentan crisis financieras de liquidez y solvencia.
La verdad es que la economía está montada en el modelo de alta tasa de interés y tasa de cambio flexible dictada por la ortodoxia, que da resultados contrarios a los previstos. El mercado no conduce a la situación más eficiente y, peor aun, termina en colapso.
La economía se encuentra en un estado de deficiencia de ahorro que no se puede resolver con las políticas convencionales de demanda que reducen el ahorro y amplían la diferencia entre la demanda y la oferta agregada, aumentan el déficit en cuenta corriente y disparan la inflación. La clásica economía de demanda en que los precios y la producción evolucionan en la misma dirección quedó en los anaqueles de los libros de texto. El modelo del FMI de revaluar la tasa de cambio, mantener la modalidad de cambio flexible y subir la tasa de interés conduce al colapso. El antídoto es un nuevo modelo que baje la tasa de interés, amplíe la oferta de dinero e intervenga el mercado cambiario para devaluar la moneda en forma directa.
El FMI y los bancos centrales buscan la solución del ahorro propiciando el déficit en cuenta corriente y la revaluación de la moneda, medidas que tienen el efecto contrario. El problema es claro. El mercado no conduce al estado más eficiente, y más, conduce al colapso. La solución es bajar la tasa de interés, ampliar el crédito e intervenir el mercado cambiario para devaluar la moneda en forma directa. La solución se busca con el modelo del FMI, que eleva la tasa de interés y proscribe la intervención en el mercado cambiario. Por el contrario, la solución es un nuevo modelo basado en las condiciones propias de la economía que amplíe la tasa de ahorro, la producción y la equidad.
El impasse actual está en que las soluciones al colapso del modelo económico se encuentran en manos del FMI y de los bancos centrales que lo causaron. Todos ellos están comprometidos en superar una crisis de producción y desabastecimiento con políticas de contracción de la demanda que la agravan.