La economía opera con una deficiencia de ahorro sobre la inversión. Los hechos se encargaron de confirmar que no había más opción que elevar la tasa de ahorro mediante la baja de la tasa de interés real y la devaluación de la moneda. En fin, en otros términos, se tenía una economía de oferta menor que la demanda, y se pretendió normalizar con un modelo que baja la tasa de ahorro y contrae la oferta. Lo que se requería era un modelo que elevara el ahorro y la producción.
No hay razón para insistir en los errores teóricos. Los hechos factuales derivados de la observación revelan que la economía se deteriora a todos los niveles. La oferta agregada es menor que la demanda agregada. Se ha regresado al siglo XIX cuando las economías de oferta se enfrentaban como si fueran de demanda. La tasa de interés sube, la moneda se revalúa y, así, se reduce la tasa de ahorro. En cierta forma, el ajuste revelado por el mercado conduce a la reducción del ahorro y la contracción de la producción. La caída de la producción se corrige con bajas tasas de ahorro que la agravan. Lo que se requería era la acción del Gobierno para bajar la tasa de interés.
El modelo eleva la inflación y contrae la producción. Lo que se requiere es un modelo que baje la inflación y amplíe la producción, y ello no es posible sin una organización que incremente la tasa de ahorro, y más, que reconozca la evidencia de que el ahorro y el empleo son altamente complementarios y están altamente relacionados con el crecimiento económico.
Cuando el ministro de Hacienda dice que la economía despegó, se equivoca. Lo que se tiene es una expansión de la demanda que agrava el desajuste de la economía de oferta. La contracción del ahorro, el empleo y la producción deteriora la economía a todos los niveles. Se da por cierto que la economía opera en condiciones economía de demanda.
Lo que se requiere es un modelo que suba la producción y baje la inflación. Ese modelo no es otro que eleve el ahorro mediante la instrumentación de economía oferta, como es aumentar la demanda de dinero por encima de la oferta, y no al revés.
Lo cierto es que no se avanzó en el modelo económico. Las condiciones de equilibrio se resquebraron. La oferta agregada evoluciona por debajo de la demanda. El comportamiento de la oferta está sobreestimado. En realidad, evoluciona muy por debajo del valor calculado por el DANE en las cuentas nacionales, esto es, con tasas negativas.
Estamos ante una economía de oferta abocada a una reducción de ahorro que la conduce al colapso. Así suene repetitivo, la solución es un modelo que revierta la revaluación y el alza de la tasa de interés que nunca debieron propiciarse y sostenerse. Se confirma. Las soluciones económicas que bajan la tasa de ahorro son ineficientes, inequitativas e insostenibles.
El DANE y el Gobierno revelan un estado de economía con ahorro sobrante. Lo que se tiene es una economía con ahorro faltante que conduce al estancamiento con inflación en el mediano plazo y al deterioro de la distribución del ingreso en el largo plazo. No hay más opción que un modelo económico que eleve el ahorro.
Tenemos un modelo que sube la tasa de interés, revalúa la moneda y baja la tasa de ahorro. Lo que se requiere es un modelo que baje la tasa de interés, devalúe el tipo de cambio, y así eleve la tasa de ahorro. La solución solo se consigue con la intervención en el mercado cambiario o monetario que incremente la tasa de ahorro y reduzca la diferencia de crecimiento entre los ingresos del capital y del trabajo, cómo lo han realizado con éxito las economías asiáticas.