El drama actual es que el gobierno pretende contrarrestar el monumental desequilibrio de la economía con un modelo de equilibrio. Lo que se requiere es un modelo de desequilibrio, que no es otra cosa que el sistema de tipo de cambio regulado, que está proscrito por la concepción de la apertura y los acuerdos comerciales. A corto plazo, no hay otro camino que la devaluación de la moneda con un modelo de exceso de demanda de dinero sobre la oferta.
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El Gobierno y el Banco de la República cayeron en la trampa del ahorro decadente. La caída de la tasa de ahorro, que viene de tiempo atrás, se agrava con el mercado que pretende contrarrestarla con acciones que la deprimen, como el alza de la tasa de interés y la revaluación de la moneda.
La Junta del Banco de la República está montada en la concepción que supone que el modelo puede alcanzar los propósitos de estabilidad de precios y equilibrio de la balanza de pagos independientemente del resto de la economía. El dinero es neutral. El mercado monetario es independiente del resto de la economía. Esto no es posible en una economía en desequilibrio que requiere un modelo de desequilibrio para lograr sus propósitos deseables. Lo que se tiene es un modelo donde la oferta agregada es menor que la demanda y, más, la demanda de dinero es menor que la oferta de dinero.
En el siglo pasado se tenían economías de ahorro sobrante. El ahorro y la producción eran mayores que la inversión y la demanda. La solución la encontró Keynes en los hechos factuales que mostraban que las tasas de ahorro tendían a crecer con el tiempo. Se requería un modelo económico que aumentara la demanda efectiva por medio de la mayor presencia del Gobierno en la economía. En términos prácticos, había que ampliar la inversión para igualar la identidad macroeconómica.
Ahora se tienen economías de ahorro faltante. El ahorro es menor que la inversión, al tiempo que la producción crece por debajo de la demanda. La solución es un modelo que baje la tasa de interés y devalúe el tipo de cambio para incrementar la tasa de ahorro y ampliar la producción y el empleo. Las soluciones de mercado, como subir la tasa de interés y revaluar el tipo de cambio, conducen a estados de difícil retorno.
En fin, estamos en un sistema de desequilibrio de ahorro menor que la inversión por factores de la economía que dan lugar a comportamientos que no corresponden a la realidad. El tipo de cambio se devalúa y la tasa de ahorro sube. La solución es un modelo de desequilibrio que baje la tasa de interés, devalúe el tipo de cambio y eleve la tasa de ahorro. Cómo no se hace, ocurre lo contrario. Los hechos factuales muestran que la tasa de interés sube, el tipo de cambio se revalúa y la tasa de ahorro declina. La economía se deteriora a todos los niveles, la producción y el empleo decaen y, en el mediano plazo, el crecimiento y la distribución del ingreso se deterioran y refuerzan.
El mercado conduce a un estado ineficiente de crecimiento del producto por debajo del capital. La mejor solución es un modelo que incremente el capital por encima del producto y, en consecuencia, eleve el ahorro.
La verdad es que la ley de Say no se cumple. La oferta agregada es menor que la demanda agregada. El mercado no corrige la deficiencia. No hay más opción que aumentar el ahorro por medios forzosos, como son la tasa de cambio fija o el exceso de demanda sobre la oferta de dinero.
La evidencia histórica revela que el capital es la principal fuente de crecimiento. Los países que más crecen son los que exhiben las mayores tasas de ahorro. El avance de los tigres asiáticos se explica principalmente por las mayores tasas. Y para completar, los países que más avanzan en el crecimiento económico son los que revelan los mayores progresos en la distribución del ingreso.
En fin, es forzoso bajar la tasa de interés y devaluar la moneda para contrarrestar la baja de la relación capital-producto y la revaluación de la moneda inducidas por la profundización de la globalización y el aumento del déficit fiscal. La reducción del déficit fiscal y en cuenta corriente es indispensable para revertir el estancamiento de la producción con inflación y conciliar en el mediano plazo el crecimiento y la equidad.